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domingo, 20 de mayo de 2012

#vinos Añejando tesoros: ¿Todos los vinos son aptos para guardar?

 

Si queremos descorchar una botella de una cosecha antigua, y estar plenamente seguros que su contenido no nos va a defraudar, y que nos vamos a encontrar con las maravillas que le otorga el paso del tiempo al vino, lo primero que debemos saber es qué vinos se pueden añejar y por qué periodo, y cuáles no son aptos para una guarda prolongada, ya que no todos los vinos son concebidos con el mismo fin.

 

Entonces comencemos por el primer punto. ¿Escuchó alguna vez esa frase que dice “todos los vinos se ponen mejor con los años”? Bueno, es incorrecto. No todos los vinos en la actualidad son hechos para la guarda o para permanecer muchos años en la botella. Y ese error de concepto proviene de hace mucho tiempo atrás, cuando los aficionados al vino en Europa compraban los grandes ejemplares franceses de Bordeaux y no les quedaba otra opción que guardarlos algunos años, ya que esos vinos en su juventud eran tánicos, ácidos y astringentes, pero con el tiempo evolucionaban perfectamente dentro de la botella.

Desde aquel entonces la enología avanzó mucho. Hoy en día los grandes vinos salen al mercado ya con un determinado periodo de guarda y aptos para ser bebidos, lo cual no quita que con el tiempo mejoren considerablemente. Además existen los “vinos jóvenes”, que son aquellos diseñados para ser bebidos desde que se ponen a la venta y por un periodo no mayor a los dos años, y que en su gran mayoría no poseen contacto con madera. En la escala (y por regla general, claro está) seguirían los “Crianza”, que soportan una guarda de hasta cinco años, los “Reserva” de cinco a diez años, y luego los “Gran Reserva” que se pueden añejar por diez, quince, o más años. Ésta escala indica el periodo de crianza que se le otorgó al vino en la bodega antes de su comercialización.

Lo anterior vale (generalmente hablando, insisto) para los vinos tintos tranquilos, es decir aquellos que no son espumantes ni fortificados o dulces. Y se puede también dar el caso que en la etiqueta no se aclare a que segmento de la escala antes nombrada pertenece el vino, pero se puede determinar leyendo los otros datos que brindan las contra-etiquetas, que cada vez vienen mas detallistas, donde uno no sabe si lo que se pretende es informar al consumidor o maravillarlo con palabras extrañas.

Para los vinos blancos tranquilos la regla indica un consumo dentro de los dos o tres años de vida, salvo que tenga un paso por barricas, alta acidez y sea de alta gama, lo cual generalmente se especifica en las etiquetas (y en el precio), y le confiere una expectativa de vida mayor, que puede llegar a alrededor de unos 8 años. Hay casos excepcionales de vinos blancos que soportan una guarda muy superior. Es por estos motivos, que podríamos definir al vino tinto como el vino de guarda por excelencia.

Un dato importante a considerar es saber con que tipo o tipos de uva fue hecho el vino, ya que hay algunas cepas que por su estructura le otorgan al mismo mayor potencial de guarda, como ser Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot y Malbec. Esto, junto con la crianza que tuvo el vino antes de salir al mercado, son los dos primeros ítems a tener en cuenta. Luego vienen los datos técnicos, que nos van a terminar de indicar si el producto es apto para ser añejado.

Y son tres: alcohol, acidez y polifenoles (taninos). Estos son los pilares del vino tinto, su columna vertebral. A punto tal que un desbalance entre esos tres compuestos es letal para su calidad. Es por eso que en un vino producido para soportar una larga guarda y ser bebido dentro de muchos años, estos compuestos se van a encontrar en gran medida. Habrá buena graduación de alcohol porque sus uvas se cosecharon bien maduras, con mucha azúcar, para obtener la mayor cantidad de cualidades posibles y para mantener sano el vino, ya que el alcohol es un antiséptico dentro del mismo, y parte de él se evaporará durante la guarda.

Buen nivel de acidez para mantener el balance con el alcohol, para sostener al vino con esa vivacidad y frescura características, ayudar a resaltar el bouquet, y además impedir la generación de microorganismos nocivos dentro de la botella. Buen nivel de polifenoles, a causa de prolongadas maceraciones para obtener materia colorante, olfativa y gustativa, astringencia y robustez. La suma de los tres factores, junto con el tipo de uva utilizada y la crianza otorgada en bodega, dan como resultado un vino con una prometedora capacidad de añejamiento.

Le aseguro que degustar vinos añejados es una experiencia fascinante, donde se descubren notas aromáticas de una amplia gama, colores más sutiles y variados gustos que se pueden calificar como fantásticos, producto de los procesos reductivos que acontecen dentro de la botella. Es muy importante saber que al descorcharlos, se deben servir en la copa y dejar reposar más o menos una media hora, e ir notando como con el paso de los minutos van cambiando y “abriéndose”, entregando diversos aromas.

Si quiere puede utilizar un decantador, cosa con la que yo no comulgo. Y le cuento por qué: ese elemento cumple dos funciones. Una, acelerar el proceso que acontece en la copa, por lo tanto si Usted no está apurado no tiene por qué usarlo. Además se perdería parte del proceso de cambio del vino en la copa. Y dos, sirve para que los sedimentos que se acumularon durante la guarda queden allí depositados. Eso es opinable, ya que si la botella permaneció siempre acostada y en reposo, la mayoría de esos sedimentos quedarán en los “hombros” de la botella, que para eso están.

Por Diego Di Giacomo

info@expovinosbariloche.com

www.expovinosbariloche.com

 

Fuente: anbariloche.com.ar

 

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#comida_venezolana Abraham Quintero: Al venezolano le gusta la sopa, entonces Comamos Sopa!!

abraham quinteroNadie duda de que al venezolano le gusta una buena sopa. A pesar de lo tórrido del clima, desde la costa hasta Guayana, pasando por los Llanos, una sopa caliente completa el menú diario. Pareciera que damos más importancia a la sopa que al plato principal, que en algunas regiones llaman “el seco”. Muchos consideran incompleto un almuerzo sin tener una sopa o crema que lo reconforte a pesar del calor tropical. Cada familia tiene su propio repertorio que no se limita al hervido y al mondongo.

 

Recuerdo que en casa mamá tenía sus favoritas, como por ejemplo: la crema de remolacha introducida en el menú familiar por una peruana casada con un primo mi abuela; la de apio, que llamábamos “de oro” por su color; la de papas con espinaca; la de pan (no me gustaba mucho, pero hoy la aprecio; la de ajo porro con papas, que si está bien preparada y la pasamos por una licuadora, agregándole crema de leche se convierte Vichyssoise. Estas sopas nos sacaban de la monotonía que representaba una sopa de pollo con fideos. Nunca hubo sopa de sobre o enlatada, todo era fresco.

 

Hoy propongo tres recetas regionales que pueden fácilmente prepararse en casa: pisca andina, a la manera de Bailadores, estado Mérida; una contundente del repertorio zuliano, y otra central, que es una variante de la sopa de apio.

 

PISCA ANDINA

 

pisca andina

 

La Pisca es una sopa ligera que generalmente se sirve en los estados Táchira y Mérida para el desayuno. Hay tantas versiones como hogares familias existen en la región, algunas de ellas llevan caldo de res o de pollo. Desde que la probé por primera vez quedé prendado de su sabor y sencillez campesina. Tomé esta receta del libro "A Degustar con Yiya, Recetario de oriunda cocina andina"(Editorial el Perro y la Rana, Caracas, 2007), de María Auxiliadora Morales, natural de Bailadores.

 

INGREDIENTES (para 4 porciones)

  • 1 manojo de cilantro
  • 4 cebollines
  • 1 ají dulce
  • 3 ramas de perejil
  • 1 ajoporro
  • 1 rama de celery o apio España
  • 4 dientes de ajo machacados.
  • 1 Kg de papas
  • 1 taza de queso blanco blandito (por ejemplo palmizulia)
  • 4 huevos
  • 1 taza de leche

 

Primero preparamos un caldo base ligero En una olla amplia, con 4 tazas de agua, se hierven suavemente la mitad del cilantro, cebollín, ají dulce, perejil, ajoporro, ajo y apio España. Se cocina tapado por 30 minutos.

 

Mientras se hace el caldo, se preparan los otros ingredientes de la sopa. Las papas se lavan, pelan y cortan en cubitos. Cortamos el queso en dados.

 

Cuando el caldo está listo, colamos y desechamos las hierbas aromáticas. Se ponen a cocinar las papas en este caldo, tapado, hasta que estén blandas, pero enteras. Entonces se procede a terminar la sopa.

 

Se ajusta la sazón y se agrega la leche y se lleva a punto de ebullición. Luego agregamos los huevos, uno a uno, con la ayuda de una taza para que no se deshagan. Se apaga el fuego y se tapa. Esto permitirá que se cocinen los huevos hasta que estén cocidos, pero no duros.

 

Para servir, se pone en el fondo de cada plato un poco de queso picado. Se sirve la sopa sobre el queso, procurando que cada comensal reciba un huevo, y se le administra una lluvia de cilantro picadito.
La tomamos al desayuno, acompañada de arepitas de trigo, queso blanco y aguacate.

 

SOPA DE COCO

 

sopa de coco

 

Esta sopa es típicamente zuliana, aunque ha desaparecido de muchas mesas. Mi abuela preparó este plato cuando un extranjero fue a pedir la mano de mi tía Beatriz. Tal vez esta sopa decidió a Juan a casarse con mi tía, quien más de 50 años después me explicó la receta. No doy proporciones porque se hace al gusto, como todas las recetas caseras. Se puede hacer con caldo de res, gallina o pollo. Esta versión es con caldo vegetal.

 

Primero preparamos los vegetales o "recado de olla", como se les llama en Maracaibo: auyama, yuca, apio, ñame, plátano verde, jojoto, zanahoria. No lleva ocumo ni mapuey. Los lavamos, pelamos y cortamos en trozos como para un hervido.

 

Para el caldo, se prepara un compuesto con cilantro, perejil, apio España, yerbabuena y cebollín; también se picarán ajíes dulces o "misteriosos" (en términos marabinos), ajoporro, ajo, cebolla y pimentón verde. Se pone todo esto dentro de una olla con abundante agua.

 

Se lleva a un hervor y se baja el fuego. Se continúa cocinando suavemente, para que los aromas perfumen el agua. Se le sacan los vegetales, ya inútiles, y se desechan.

 

Se lleva el caldo a un hervor y se le agregan primero las zanahorias, jojotos y plátano verde. Cuando estos tres primeros ingredientes han comenzado a cocinarse, se agregan a la olla la batata y la yuca. Después tocará el turno al apio y al ñame. Al final le adicionamos a la auyama. Se hace cocinar todo a fuego suave, para que no se deshagan.

 

Cuando La sopa está casi lista, se agrega leche de coco, al gusto, en una proporción de 1/3 de taza por ración, aproximadamente. Se cocina a fuego muy suave, sin llegar a hervir, sino sólo llegar al punto de ebullición. Es el momento de salar y pimentar.

 

Con la ayuda de una taza o plato, se agregan uno o dos huevos crudos por comensal, cuidando que la clara y la yema se mantengan juntas.

 

De inmediato se apaga el fuego y se tapa. Los huevos se cocinarán con el calor de la sopa. Es el momento de estar vigilantes y decidir cuánto tiempo se va a esperar. Depende de cómo se deseen los huevos. Me gusta dejarlos 3 o 4 minutos. Se sirve y se pone a la disposición de los comensales un ajicero de leche.

 

SOPA DE APIO CON GALLINA

 

sopa de apio y gallina

 

Esta es mi versión de la sopa de apio con gallina que ofrece, que ofrecía, un restaurant de comida criolla en Sabana Grande. Tampoco doy proporciones y las dejo al gusto de quien la cocine.

 

Se comienza con la gallina, que despresamos, luego de despellejarla bien limpia y lavarla muy bien con limón. Se trata de eliminar lo máximo de grasa. Luego se pone a hervir la gallina en abundante agua, que la cubra.

 

Mientras llega a un hervor, se preparan los vegetales aromáticos para el caldo: pimentón (sólo lo verde), cebolla, ajoporro, cebollín, zanahoria, ají dulce y ajo, en trozos grandes porque no deseamos un caldo turbio (lo que sobre se puede usar para otras preparaciones).

 

Se espuma el agua donde hierve la gallina. Eso ayuda a que el caldo no se amargue y sea claro. Luego de espumar bien, se agregan los vegetales y dos hojas de laurel. Tapamos y dejamos cocinar a fuego suave hasta que la gallina esté tierna. Eso toma tiempo, dependiendo de la edad del ave. Si se desea abreviar, se puede usar una olla de presión, pero no es lo mismo.

 

Poco antes de bajar el caldo del fuego, se le agrega un ramillete de compuesto criollo: perejil, cilantro, yerbabuena, cebollín y apio España. Se deja cocinando unos 10 o 15 minutos para que el caldo se perfume.

 

Se eliminan los vegetales y se reservan las presas de gallina. Se cuela el caldo a través de una muselina humedecida, lo que dará un caldo limpio y con poca grasa.

 

Para hacer la sopa, se limpia y corta el apio en dados el apio. Se desmenuza o corta en trozos no muy grandes la carne de la gallina.

 

En una olla limpia se pone el apio con suficiente caldo como para que lo cubra. Se lleva a un hervor y se cocina tapado hasta que ablande.

 

Cuando se ha ablandado, se saca el apio del caldo y se majamos con un tenedor, o con un pasaverduras. No me gusta usar licuadora en esto.

 

Se regresa el puré de apio al caldo y agregamos los trozos de gallina. Se sazona con sal y pimienta y cocina a fuego suave, destapado, hasta que espese. Es importante revolver de vez en cuando para que no se pegue al fondo de la olla y se arrebate.

 

Para servirlo, se decora con hierbas (perejil, cilantro y yerbabuena) picaditas, o bien un sofrito caraqueño (tomate, cebolla, ajo, ají dulce, perejil, cebollín, ketchup y salsa inglesa).

 

Buen apetito amigos lectores y nos leemos la próxima semana

 

Abraham Quintero

 

 

 

Fiat Panis por Humberto Silva: El Gorgojo Aventurero @humbertosilvad

 

Serie cuentos infantiles para pequeños panaderos

A todos los niños que sueñan en grande, tan grande como la vida misma.

 

La basta inmensidad de aquel saco de harina convertía al diminuto gorgojo en un insignificante punto negro, siempre estaba bañado de una suave textura blanca. Nunca se había atrevido ir mas allá de lo que sus pequeños ojos apreciaban en la distancia. Como todo era tan blanco, no veía el fin de aquellas suaves montañas y valles que bordeaban su hogar. Los días transcurrían uno igual al otro, sin nada que hacer, solo comer de aquella rica harina que tanto le gustaba. Curiosamente no habían más gorgojos como él en el saco, bueno, así pensaba, ya que no había tenido contacto con nadie de su especie.

 

Un día tomo la determinación de salir a conquistar el lado opuesto a su saco de harina, si, así el consideraba todo ese gran territorio blanco “SU SACO”, se creía el dueño de todo lo que sus ojos veían y sus seis patas tocaban. Nunca se había sentido tan fuerte, tan dueño de sus aventuras, hasta que tomó la decisión de seguir sus instintos. Los días pasaban y caminaba sin parar, a veces el cansancio lo hacia tomar una siesta y nuevamente emprendía su propósito, que era el de llegar a conocer otros gorgojos que de seguro habitaban del otro lado del saco. Habían días que el saco se estremecía con mucha fuerza, como si alguien lo sacudiera tan fuerte que le hacia perder su rumbo, su norte. Pero una especie de brújula lo guiaba nuevamente hacia su destino, y sin parar continuaba su aventura.

 

Susto! De repente el saco se abrió en la parte superior y una inmensa luz entro bruscamente y por un momento la visión perdió, observo como entraba un gran objeto de color plateado que recogía dentro de su ser gran cantidad de harina y la sacaba fuera de su mundo, de la que era su casa, del que era “SU SACO”. Pudo esquivar al objeto una y otra vez, corría para que no lo atrapara, sus pequeñas patitas no eran suficientemente hábiles para escapar de aquel objeto que le atemorizaba, pero que valientemente podía enfrentar. Lamentablemente en una no pudo escapar, y dentro de su harina afuera fue a dar. Vio como por los aires volaba, y algo perdido estaba. En un movimiento preciso salto al piso y se salvo de no caer en el lugar donde la harina daba vueltas y vueltas y como algo pegajoso esta se volvía. El no entendía como su harina de apariencia cambiaría, antes blanca y muy suave, a otro color como plastilina.

 

Cuando pudo a los sacos de harina volver, a otros gorgojos pudo conocer, contándole lo que con la harina se podía hacer, les invito a todos sus nuevos amigos a un festín para comer. De las migas de aquellos panes comería hasta saciar, y muy felices celebraron lo que con la harina se podía hacer. Acordaron que todas las noches, luego que la panadería cerrara, salir siempre a comer, ricos manjares que allí producían. Los obstáculos fueron vencidos, nada ni nadie le impediría disfrutar, jugar y comer. Se sentían tan libres que las horas pasaban sin darse cuenta que pronto abrirían. Desde ese día el pequeño gorgojo siguió aventurándose cada vez mas, sin temor iría descubriendo cosas fascinantes, cosas que nunca había visto, y que le parecían siempre extraordinarias. Cada nueva aventura, lo hacia mas grande, mas feliz, mas él.

 

Moraleja: Aunque seamos muy pequeños, siempre los retos nos harán grande, fuertes y decididos. Nunca limitemos el deseo de que nuestros niños exploren su universo, su entorno, no habrá posibilidad de ver más allá del entendimiento, si nos limitamos a no enfrentarlo.

 

¡Buen provecho!

Humberto Silva
Maestro Panadero

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