lunes, 17 de abril de 2017

Cenar en el cielo y otras dos experiencias gastro dignas de 'Planeta Calleja'

Ya sabíamos que la gastronomía de por sí tiene un punto aventurero, sobre todo si uno se pone en manos de las 'diverxidades' de David Muñoz o las sublimaciones de Paco Roncero frente al mar de Ibiza, pero cenar en el cielo (esta vez no en el de las estrellas Michelin) ya es más una epopeya que una aventura que nos ha recordado al planeta televisivo del sin barreras y sin fronteras Jesús Calleja. Así que a esta experiencia que se llama Dinner in the Sky y que tiene como escenario Puerto Vallarta, donde Liz Taylor y Richard Burton vivieron su amor, hemos sumado la de tomarse un cóctel en un local que deja al personal literalmente helado, tanto que hasta le dan una capa y guantes, en el sorprendente Londres y la de gozar de la arena de un chiringuito interior en el Madrid que se empeña en tener playa. No se nos olvida que en esa tierra mágica de Timanfaya (Lanzarote) hay un asador en el que se cocina con el calor que llega del volcán y se llama, cómo no, El Diablo. Empieza la emoción.

Dinner in the Sky o cenar como en un parque de atracciones

Dinner in the Sky: cenar por todo lo alto


El título, casi de película, promete. Y no es para menos, porque se trata no de cenar como cada día y ni tan siquiera como cuando uno se da el gusto de hacerlo en un restaurante, sino de vivir una experiencia gastronómica casi circense a 45 metros de altura con unas vistas de impresión. La idea nació el año pasado en Bruselas, creció en Grecia, Francia, Dubái, Reino Unido, Mónaco e incluso en nuestro país.

Nunca cenar fue algo tan emocionante (en Puerto Vallarta)

Además de un menú de altos vuelos, como todo en esta locura, al comensal, que se sentará en asientos inspirados en los de los coches de Fórmula 1, para más inri, le esperan atardeceres únicos y mucha emoción y adrenalina. El invento se elevará con ayuda de una grúa.

Sin duda, le habría gustado a Phileas Fogg

Ice Bar: te quedarás helado (literal)


Este bar es algo así como meterse en el congelador cual hielos que buscan su whisky (o similar). Un on the rocks en toda regla, solo que aquí muchas ganas de hincar codos en la barra no entran. El Ice Bar de Londres es más una atracción que un bar, aunque por supuesto uno se puede tomar una copa, un cóctel o un chupito en un vaso de hielo, mientras la música trata de caldear un ambiente aderezado con esculturas -ya se puede imaginar uno de qué-, algo que logra con creces el warm bar y un restaurante, ya fuera de este continente helado.

El Icebar de Londres (Foto: Peter Kindersley)

La iniciativa corrió a cargo de la marca Vodka Absolut, que lo hizo a imagen y semejanza del que abrió la veda (o rompió el hielo) en Estocolmo (hay otro en Madrid, en la calle de Romanones, 3). Para construirlo se transportaron bloques del río helado de Torne, en la sueca Jukkasjärvi, que se mantienen a -5º durante todo el año. Así las cosas, es de comprender que no se puedan campar más de 40 minutos, que hasta puede que sean demasiados dado el frío que hace en el gélido lugar. Y eso que al entrar dan a los valientes (los hasta llenar la lista de espera) una capa con capucha y guantes. Esto es Londres (31-33 Heddon Street, Mayfair) y una versión más de andar por casa de 'Frozen', ese reino de hielo de Disney.

Ojalá: vaya vaya, sí hay playa


En el Madrid de Malasaña (C/ San Andrés, 1), allí donde no se deja de reinventar la modernidad, hay un garito en el que se pueden pisar arenas que nunca fueron más exóticas -esto sigue siendo la capital de España-, las que hacen esta playa con chiringuito y una iluminación muy particular que resulta, cómo decirlo, ¿neomediterránea? El Ojalá ofrece simpatía, buen y veraniego rollo, y un comedor de arena para compartir platos del mundo entero con oleaje de fondo y una luna enorme, diseño del 'fabuloso' arquitecto Andrés Jaque, poniéndole al invento más poesía. De hecho, el restaurante pertenece al grupo La Musa. Cuestión de inspiración.

La playa de Ojalá, en territorio de Malasaña

Hay brunch hasta bien entrada la tarde: tartas caseras, dulces con zumos naturales, smoothies, milkshakes y cervezas de todo tipo y condición. Más allá de este desayuno-merendola, te podrás pedir empanadas argentinas del día, thai fish cakes (tortitas de corvina, jengibre, cebolleta y sweet chili), ensaladas varias y cositas para tomar a medias (hummus, bravas, antipasto o guacamole). Eso sí, han puesto puertas a su campo, que es la playa: abre a las 18 h y cierra cuando el restaurante (a la 1 de la madrugada de lunes a miércoles y domingo, a la 1:30 los jueves y a las 2 viernes y sábado). ¿A que ya te están entrando ganas de bajar a la arena?

ÁNGELES CASTILLO

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