domingo, 4 de junio de 2017

¿Sabemos defender nuestros sabores y nuestra gastronomía?

Tenemos muy claro el origen de productos que usamos de forma cotidiana como el parmesano, sabemos usar la salsa de soja para asiatizar nuestra comida y es muy común que tengamos alguna mostaza francesa en la nevera, pero ¿qué productos españoles tienen los extranjeros en sus casas?

Hace unas semanas, a raíz de la polémica suscitada por una receta de paella valenciana, quedaba claro que no hemos sabido vender nuestras variedades de arroz. Mientras nosotros hacemos uso de variedades japónicas para elaborar sushi, compramos carnaroli o arborio para hacer risotto y preparamos arroces asiáticos con granos largos perfumados como el arroz basmati, todos ellos disponibles en cualquier supermercado de barrio, los forasteros no saben de la existencia de variedades de arroz español como bahía, senia, albufera o bomba.

¿Sabemos defender nuestra gastronomía?


Resulta curioso que nos hayan adoctrinado tan bien en el uso y conocimiento de productos foráneos y que, por contra, nosotros fracasemos en la misma empresa. Como se puede comprobar haciendo una rápida búsqueda en Google, una receta de paella en inglés nos dirá que usemos arroz de paella (sin más definición) o, como en la mayoría de los casos, se recomendará usar arborio o carnaroli. Estas dos variedades de arroz especial para risotto también se cultivan en España, pero es más probable que el que se encuentre en otros países sea italiano.

Con el pimentón hemos podido descubrir que el drama es mayor, ya que, pese a ser un invento español, el nombre con el que se ha exportado al resto del mundo es el de paprika, con lo que resulta imposible que fuera de nuestras fronteras comprendan lo íntimamente ligado que está el pimentón a nuestra gastronomía porque su referencia es la de un producto húngaro.

Unido a este fracaso estaría la salsa brava, que hemos vendido al mundo como una salsa picante de tomate, cuando la original lleva básicamente pimentón. De nuevo, dejamos que un concepto gastronómico que nos identifica, se pervierta y genere una situación donde cualquiera en cualquier lugar del mundo puede preparar unos cubos patatas fritas con salsa de tomate y unas gotas de Tabasco y decir que es un plato español, aunque no lleve ni un solo producto ni referencia española.

Si como parece, es el chorizo lo que el paladar extranjero reconoce como español, la salsa brava podría ser a la gastronomía española lo que la salsa de soja es a la asiática, ya que el sabor del pimentón les permitiría recrear un matiz característico de nuestra cocina.

¿Si podemos encontrar salsa ranch o salsa césar en cualquier tienda, cómo es posible que un neoyorkino no tenga en su nevera una botella de salsa brava de auténtico y exótico pimentón? Bueno, pues quizás sea porque tampoco ese producto está en la nevera de ninguno de nosotros, porque no existe. Aquí a la receta de las patatas bravas se le hacen tantas fechorías como en el extranjero o más, y aunque siempre hay lugares donde las preparan perfectas, por cada uno de ellos hay cincuenta que prepara verdaderas porquerías.

La Nduja es lo último en Inglaterra


Lo peor es que este fenómeno se sigue repitiendo y no somos capaces de darnos cuenta. Volviendo al pimentón, nos encontramos que sólo los embutidos españoles lo contienen, mientras que en Italia la especia preferente para curar embutidos es la pimienta negra. Pues bien, en los últimos meses se ha puesto de moda en Inglaterra un embutido italiano llamado nduja. Todos los medios, periodistas y bloggers que están en la pomada gastronómica inglesa ya se han declarado fans de este delicioso embutido calabrés que es absoluta tendencia.

Solo hay que tomarse la molestia de hacer una búsqueda del término nduja en Google imágenes y les fascinará ver qué es exactamente igual que una sobrasada. De hecho, se trata de una sobrasada de estilo mallorquín que se comenzó a elaborar en Calabria con una variedad de pimentón todavía picante (los monjes Jerónimos de la Ñora y Juste fueron eliminando poco a poco la capsaicina, así que en ciertas épocas el pimentón español picaba).

¿Sabemos vender nuestros sabores y gastronomía?


El problema es que, la interpretación que han hecho los británicos, no sólo no retorna la elaboración a España, sino que la equipara a las andouillettes, unas salchichas francesas sin un átomo de pimentón. Una vez más, nos encontramos con el problema de no saber defender nuestros sabores y cultura gastronómica, pero sobretodo de no saber vender nuestros productos. ¿No es acaso una gran oportunidad vender ahora sobrasada en Inglaterra y poder explicar que el origen de ese embutido, y el de la nduja, está en el pimentón español?

Se podrían analizar cientos de productos ligados íntimamente a nuestra gastronomía en la que otros nos han sacado varías cabezas de ventaja, como de las huevas de mujol en salazón que otros países mediterráneos venden como botarga, pero me queda la amarga sensación de que por más que pongamos estos errores sobre la mesa , no haremos nada por cambiarlos. ¿Me equivoco?

CRISTINA MARTÍNEZ

Fuente: Vozpopuli
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