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viernes, 10 de junio de 2011

Daniel Delgado (@warmth): Consejos para asistencia y organización de degustaciones y catas.

 


Siempre hay una primera vez para todo, y es típico que en un momento de nuestras vidas nos toque asistir y hasta -¿por qué no?- organizar una degustación o cata. Pero antes de poder dar cualquier consejo para dichos eventos socio-gastronómicos es importante saber la diferencia entre estas ceremonias, debido a que muchas personas confunden ambos términos pensando que se refieren a lo mismo.
 
Una vez leí un artículo en un blog sobre este tema y que me gustó bastante al expresar dicha distinción con este párrafo:
 
La cata del vino es un reto individual a la sensibilidad entrenada, mientras que la degustación es un placer sencillo y compartido. La cata es un desafío a los sentidos ejercitados del experto, y tiene como primer requisito la concentración. La degustación es solamente para complacer los sentidos y está al alcance de todos. Fuente: ESMAS - ¿Cata o degustación?
 
Venessa Barradas y Susy Sánchez en Sig 2010 cata de Prosecos
 
Bajo esta premisa, es fácil darse cuenta que la principal diferencia depende de la formalidad, seriedad, responsabilidad y fin que tienen ambos eventos. La degustación busca compartir opiniones informales de cualquier producto gastronómico, dícese desde una copa de vino hasta un trozo de queso. La mayoría de las veces se realiza para dar a conocer productos y son organizadas por sus elaboradores y/o distribuidores. En el otro extremo se encuentra la cata, un acto ya mucho más formal, donde se busca no solo conocer enteramente el producto y sus características organolépticas, también se busca evaluarlo como objetivo final.

viernes, 3 de junio de 2011

Fernando Escorcia (@FerEscorcia): Venezuela Gastronómica (@VzlaGastronomic). Capítulo Nueva Esparta: Catálogo de descubrimientos, certezas y una larga lista de pendientes

 

Ese día sábado arrancó significativamente con una pareja que iniciaba su cortejo hacia el altar en la Catedral de La Asunción. Este hecho absolutamente fortuito no hizo más que resumir la metáfora de un casamiento que se estaba anunciando en el evento “Venezuela Gastronómica, Capítulo Nueva Esparta, Jornada de Ponencias” de este colectivo de cocineros, gastrónomos, periodistas e historiadores. Un casamiento afortunado entre los jóvenes y consecuentes cocineros del país que comienzan a regar en las cocinas, mesas del país y del mundo los hallazgos y apariciones que salen de nuestra ancestral cartografía del gusto y el paladar nacional.

 

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A modo de colegiado organizado y motivacional, recorren el país para anunciar las buenas nuevas que andan alegres, furtivas o esparcidas por nuestras tierras sin nadie que las resalte. Son esas originarias cosechas históricas, moderadas y estacionales que se ofrecen en carreteras y vías de nuestra isla, y que poco hacemos por reconocerlas. No solo las maravillas de nuestros mares sino también de nuestra tierra y nuestros fogones. Parte de una inmensa riqueza gastronómica que abraza nuestra historia y que perdura en la tradición oral y culinaria de las mesas familiares. Olvidadas, desapercibidas o nunca publicadas. Muchas forman parte del acervo familiar de tradición histórica que se ha ido transmitiendo de generación en generación y que en muchos casos tienen el costoso riesgo de perderse. Materiales, instrumental, técnicas, recetas y secretos de nuestra propia cultura gastronómica que laten en nuestras memorias y en la historia cotidiana, esa que se recuerda en los eventos familiares y vecinales. La historia inmediata que no se escribe, y que incluso, muchas veces, permanece furtiva, siendo tan solo el instrumental necesario para que la historia misma se escriba y permanezca.

viernes, 27 de mayo de 2011

Daniel Delgado (@warmth): La excusa de viajar

 

El abandonar nuestra ciudad natal, así sea por 1 día o años, trae como consecuencia experiencias muy buenas. Una de ellas es que se nos pone frente a nosotros la perfecta ocasión para probar cosas nuevas; y como ustedes saben, yo siempre los invito a experimentar
 
En mi caso más concreto nací en Caracas, pero soy una persona que le encanta viajar. Los venezolanos somos reconocidos internacionalmente por nuestra excelente cocina, ya que es una mezcla de lo mejor de muchas culturas (española, italiana, portuguesa, alemana, japonesa, china, etc.) y hasta la evolución de muchos platillos tradicionales de otros países surgen en nuestro país, el mejor ejemplo es el sushi.
 
Por ende, nos gusta mezclar y probar cosas nuevas cada vez que cocinamos o vamos a un restaurante. Son pocos los venezolanos que les gusta repetir el mismo tipo de comida al día siguiente de haberla comido, por esta razón la proliferación de restaurantes y locales en la ciudad de Caracas con diversas propuestas gastronómicas es increíble.

viernes, 20 de mayo de 2011

Fernando Escorcia (@FerEscorcia): El mercado de conejeros de Porlamar: El mapa de sabores del país que seguimos siendo

 

Al comienzo del día temprano sale la Negra Atilia,
Con su canasto tejido donde lleva lo de vender.
No son las cinco aún.
No había un cielo azul que anuncie la mañana.
Rumbo al mercado de Porlamar,
La Negrita va.
La Negra Atilia (Henry Martínez y Pablo Camacaro)

 

La ancestral tradición de los mercados municipales donde el pulular de personas abarrota sus estrechos pasillos entre mercaderías y alimentos, siempre fue una parte de la historia que propios y extraños recordamos en nuestros pueblos y ciudades. En algunos casos las calles fueron abordadas por el comercio y dejaron de ser vías de conexión de los pueblos y caseríos. En las ciudades más grandes abarcaron las plazas y se convirtieron en auténticos espacios para el intercambio comercial, económico, social y cultural.
 
Porlamar tuvo uno de esos centros de comercio en la Calle La Marina hasta bien entrada la década de los ochenta. De allí que esa referencia de la Negra Atilia, sempiterna y embraguetada vendedora de aquel incipiente Puerto Libre se guarda en nuestras memorias y se atesora como la tenaz figura de la mujer margariteña y luchadora que construye y progresa con su esfuerzo, vendiendo los demandados y perseguidos productos, emblemas de la zona franca insular: el mentolado español, las franelas chinas de algodón, el mentol, el Jean Nate, el blúmer de nylon y los naipes. De esos mismos tarantines y chinguiritos se levantaban las columnas de humo de calderos y fritangas donde emergía como una señal de sobrevivencia los condumios propios de nuestra isla: empanadas de cazón, pescado frito, hervido de picúa y la legendaria fosforera.
 
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Y luego de llegar el turismo, reincidir y amenazar con ser consecuente y permanente, no quedó otra opción que darle un mejor espacio a ese evento humano y socio-cultural neoespartano que es el jolgorio de la calle del mercado y elevarlo a Mercado Municipal. No tardó este espacio en sugerir expandirlo y darle la importancia que se merecía y fue cuando comenzó a levantar vuelo ese pájaro metálico y gigantesco que amenazó hasta la misma margariteñidad con su impronta de monumentalidad, modernidad y progreso.

viernes, 29 de abril de 2011

Valencia Gastronómica por @marielisarteaga: Vivero Café Jardín, un delicioso respiro


Para nadie es un secreto que vivir en las ciudades trae consigo todo el agite que demanda la urbanidad: agendas apretadas, tráfico para sufrir y pocos espacios para relajarse y respirar profundo.
 
Pero también sabemos que la oferta gastronómica de las urbes es abundante, rica, generosa y son esos los motivos alentadores que justifican que nos mantengamos inmersos dentro de la dinámica convulsionada.
 
Por eso es tan agradable encontrar espacios que resalten sólo lo bueno de vivir en la selva de concreto y se hayan dado a la tarea de traer la naturaleza más cerca de nosotros para que en medio del itinerario hagamos unas paraditas más que justificadas y nos demos al momento del yantar con todo el placer que nos merecemos .
 
En el municipio Naguanagua -al ladito de Valencia, tanto que hemos olvidado las mínimas fronteras municipales- se encuentra Vivero Café Jardín, un indiscutible oasis para el paladar y para los amantes de la naturaleza rotunda.
 
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Este lugar de café tiene poco pues es realmente un restaurante que aunque campestre, respeta todos los requisitos para ser considerado como tal. Rico menú, servicio honesto y cordial, infraestructura preciosa y buena relación precio-valor.

Descorchando una historia por Paola Vásquez (@paola_wine): El mundo del vino detrás de sus mitos.

 

Hace casi 15 años fui seleccionada para hacer mi práctica profesional de Ingeniería en Comercio Internacional y ser el apoyo de la persona que entonces tenía a su cargo la promoción de los vinos chilenos. Admito que hasta ese momento el mundo del vino era totalmente desconocido para mí; de hecho, era un producto que mis padres y mis tíos consumían, pero no yo.
 
Al comienzo, además de todos los procesos administrativos que eran una novedad, había muchos nombres de viñas exportadoras y marcas comerciales que no se conocían en Chile. La variedad con nombres afrancesados, los conceptos productivos y enológicos y las estrategias de marketing de vino llegaron a intimidarme tanto o más que aquellos señores dueños de las viñas que me superaban en edad y más que nada en experiencia en esta industria.
 
Sirvámonos una copa.

miércoles, 20 de abril de 2011

Fernando Escorcia (@FerEscorcia): Guía fácil y rápida para comer en la isla de Margarita sin naufragar en el intento.

 

Uno, en esta vida de gastronauta que nos ha tocado disfrutar, se ha conseguido de todo. Muchas rarezas y hallazgos. Descubrimientos que uno los disfruta mientras puede, incluso hemos tenido que ocultar esos encuentros por temor a que, con el paso inmediato del anonimato a la popularidad, se les extravíen valores y aciertos que terminamos por desechar. Pequeños restaurantes a los que preferimos dejar detenidos en la memoria gastronómica y no volver a visitar. Otros, que ni siquiera recomendamos por temor a que se rayen en medio de una apabullante horda de comensales que le hagan perder su humildad y hasta su generosidad. Hay sitios en el que a uno se le pone creativo el mesonero y a esos tampoco los vamos a recordar. Afortunadamente están los otros. Los restaurantes en los que usted se siente como en familia. En el que lo saludan con aprecio, conocen sus gustos y hasta el acompañante del whisky. Si la señora toma el batido con o sin azúcar. Esos restaurantes en los que, además de ser reconocido, también se come bien y sabroso. Esos son los restaurantes que nunca le hacen quedar mal. Desde aquellos de los que huimos sin esperar el servicio hasta los que luego de sentados lamentamos no colocarnos las gríngolas para no ver lo desastroso de su decoración y servicio. Taguaras, chiringuitos, tarantines y recovecos en los cuales hemos rescatado muchas veces la pasión culinaria de nuestra cultura.
 
También descubrimos verdaderos tesoros gastronómicos, reflejo de nuestra identidad y nuestra forma de ser y estar. Y así como nos hemos decepcionado en exquisitos y rimbombantes restaurantes de gran pompa y no menos glamour, en otros en los que el asqueroso olor a humo, fritanga y aceite barato se queda impregnado en nuestro olfato por encima de sus platos y su espantosa experiencia culinaria. Muchos de aquellos en los que, como dice Alberto Soria, “las novias de los yuppies propietarios llevan la carta y los platos” por encima de los chef o propietarios que se cuecen la piel y se curten las arrugas frente a los fogones con la misma pasión con la que se recibe a los comensales diarios y desaprensivos que rodamos por las calles de esta bella Isla de Margarita. Son estos restaurantes con orgullo y tradición que nos reciben y nos despiden con alegría, con el alimento que nos protege y la seguridad del apego que es lo único que nos salva. Comida con sabor a hogar o con tradición culinaria, cuento y anécdota. Hablaremos de ellos para que quienes se den a la tarea de explorar nuestros sabores y propuestas también consigan en estos una opción válida para comer bien los días que estén por estas calles y paisajes de la Isla de Margarita, Caribe Venezolano.

domingo, 27 de febrero de 2011

@marielisarteaga: @Laurus: Para los futuros oficiantes de los fogones.

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Las buenas nuevas en Valencia parecen estar viviendo una edad prolífera y muy gustosa.
 
La capital carabobeña es una ciudad que, a razón de ser vecina de Caracas, desde hace mucho tiempo siente aspiraciones colosales de que un día también se convierta en escenario de actividad gastronomía de altura.
 
Como el deseo no parecía ser irrealizable -pese a las obvias diferencias-, ya se observan los nacimientos, algunos tímidos, unos más fastuosos, de restaurantes, terrazas, vinaterías, pastelerías, bombonerías y por supuesto, de escuelas de cocina, generadoras de quienes en el futuro, han de ejercer la profesión de alimentar.
 
Nuestra ciudad ya cuenta con seis institutos para formar a los oficiantes de los fogones y, desde un inicio, la competencia entre ellas se ha dado gracias al reforzamiento de las particularidades que cada una extiende a sus estudiantes.
 
Es por eso que el anuncio de la venidera inauguración de un nuevo centro ha generado beneplácito, pues la promesa parece ser diferente a lo que ya se ha servido.
 
Con esta noticia, se ejercita el emprendimiento y el conocimiento de causa de la chef Zoraida Barrios, conocida ampliamente como @Mamazory en twitter, quien de tanto soñar con una escuela que complaciera profundamente las aspiraciones académicas de los estudiantes, se lanzó al candelero para ofrecer su honesta alternativa.
 
¿Cómo surgió Laurus?
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