El Gourmet Urbano: El alma de los vinos de Bodega Parés Balta por Jesús Nieves Montero @elproximojuego

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jueves, 27 de junio de 2013

El alma de los vinos de Bodega Parés Balta por Jesús Nieves Montero @elproximojuego

Josep Cusiné habla lentamente, no importa si el tema son las dudas que tienen los productores sobre el futuro de la denominación Cava o acerca de su pasión por la garnacha. “Ahorita hay mucho problema con el cava porque hay muchas cosas de calidad inferior que llevan el nombre y confunden al consumidor, estamos esperando para ver si el camino es la división en subregiones o alguna alternativa porque ya algunos productores están abandonando voluntariamente la denominación”, apunta Cusiné rodeado de los cavas y vinos catalanes de Parés Balta y sus etiquetas de las propiedades familiares en Ribera del Duero y Priorat en su stand durante la más reciente edición de Vinexpo en junio de 2013.

 

Josep y Joan Cusiné

 

Desde los cavas de entrada hasta producciones exclusivas como su vino natural Silvestris (Priorat), la familia Cusiné tiene un abanico de vinos impresionantes que demuestran pasión por cada una de las cepas y cuidado en el detalle de la elaboración. Con producción orgánica y certificación biodinámica, el compromiso estas prácticas está totalmente relacionado con convicciones familiares. “De hecho, recientemente desenterramos los cuernos del tratamiento biodinámico y siempre es un evento que nos une” comenta Cusiné cuya esposa y cuñada son las enólogas de la bodega.

 

El valor de la diversidad

“Probablemente como españoles no apreciemos totalmente la diversidad de los vinos con los que contamos y seamos los primeros en sufrir de riojitis pero en los últimos años la crisis ha favorecido que descubramos otras denominaciones y otras cepas aparte del tempranillo” explica Cusiné que trabaja tanto con las variedades autóctonas como con cepas francesas para la producción de sus vinos.

 

Joan y Josep Cusiné

 

Por ejemplo, el Blanca Cusiné es un espumoso elaborado con chardonnay y pinot noir. Para Cusiné es una muestra de lo que estas cepas francesas pueden lograr en la altura. “No pensamos que tiene nada ver con romper la tradición sino con explorar lo que los viñedos y la elaboración pueden dar y, además, a la par, hacemos vinos tranquilos con xarel·lo, que no son comunes pese a que es una de las uvas clásicas del cava”.

 

Efectivamente, Calcari y Electio son dos buenos ejemplos de estos vinos de xarel·lo. El primero criado en sus lías en depósitos de acero inoxidable mientras el segundo pasa algunos meses en barrica de roble francesa. No son vinos fáciles al paladar pero su intensidad y mineralidad despiertan la asociación con sabores de frutos del mar con los que van muy bien.

 

Locos por la garnacha

 

Desde un espumoso 100% de garnacha tinta al Indigena blanco y tinto, pasando por tintos de Penedés y Priorat, la garnacha es una de las obsesiones de la familia Cusiné. Para Josep, se trata de una pasión que los ha llevado incluso a recuperar viñedos a punto de ser arrancados para conservar viñas viejas y producir algunas de las especialidades que hoy ofrecen.

 

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“En algún momento nuestro abuelo quiso acabar con uno de estos viñedos y nosotros le propusimos que no y con él podemos hacer algunos de estos vinos que demuestran todo lo que nos gusta de la garnacha: su sabor particular, su potencia con elegancia, su intensidad” abunda Cusiné.

 

El Rosa Cusiné demuestra un espumoso que, en muchos sentidos, es único. Si bien recuerda a las cuvées elaboradas con 100% pinot noir, el vino, pese a tener una firme estructura, no se muestra tan austero sino que tiene algún dejo de la vivacidad propia de la garnacha, así como una nariz levemente especiada.

 

El Indígena tinto es un garnacha con un leve paso (unos 5 meses por madera) con lo que se conserva la frescura de la fruta mientras se adorna con algunas notas tostadas mientras el Indígena blanco ofrece garnacha blanca fresco, de cuerpo medio y cierta mineralidad.

 

Ya entre las micro-cuvées Hisenda Miret, con uvas cultivadas a 400 metros sobre el nivel del mar, derrocha lo mejor de la garnacha: concentración, potencia, intensidad, final largo y potencial moderado de guarda. “Yo creo que la garnacha no necesariamente puede tener una vida tan larga como otras variedades pero muchos de nuestros vinos, con una estiba de entre 5 y 10 años en botella terminan de afinarse”, culmina Cusiné.

 

Tras casi una hora de conversación, como si se le olvidara uno de los secretos más preciados de sus vinos, al terminar la degustación de unas 12 etiquetas, Cusiné afirma: “son vinos que hacemos con mucho cariño” y sirve su dulce tinto que, con sobremaduradas en la propia planta, tiene una calidez sin estridencias perfecta para cerrar la muestra.

 

Jesús Nieves Montero

 

 

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