Junto a Javier Pacheco
Al recibir las fotos, de “mi cacao” en los cajones de fermentación, luego en el patio de secado y luego en un saco posado sobre un peso para que yo pueda observar la cantidad y su calidad visual, ya quiero tenerlo entre mis manos, olerlo y hacerle sus pruebas respectivas para planificar su proceso en el laboratorio.
Para mi ir a buscar cacao a Barlovento, a Las González, es como ir a un Spa en donde me desconecto de mi rutina, y vivo la experiencia de los trabajadores del campo porque me encanta involucrarme en cada uno de los procesos, lo que si no he logrado es cargar un saco de 60 Kg, pero tampoco lo intentaré.
Para mi ir a buscar cacao a Barlovento, a Las González, es como ir a un Spa en donde me desconecto de mi rutina, y vivo la experiencia de los trabajadores del campo porque me encanta involucrarme en cada uno de los procesos, lo que si no he logrado es cargar un saco de 60 Kg, pero tampoco lo intentaré.
El trabajo de un productor es un trabajo muy duro el cual admiro enormemente. Javier tiene conocimientos heredados y la disposición para aprender técnicas nuevas porque sabe que lo hará crecer en experiencia y mejorará la calidad y el volumen de su producción. Conoce muy bien su negocio invierte tiempo y dinero e involucra a toda su familia. Cada vez que voy, veo el progreso y las mejoras en su espacio de trabajo. Me encanta escuchar sus planes porque se que los va a cumplir por su empeño y dedicación.
Recuerdo un día, después de haber escogido el cacao y ya lista para montarlo en el carro, Javier cargaba el saco de 60Kg y se salió una semilla, se dio cuenta y se paró, bajó el saco de su hombro, agarró la semilla, la metió nuevamente y lo ajustó para que no volviera a pasar, luego me dijo, una semilla vale, aquí en el campo no se puede perder. Ese día vi el amor que siente por su trabajo y lo valoré mucho más como persona y como productor.
Sandra Boesi
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