La figura del Sommelier ha sido definitiva en el aumento del consumo de vinos, espirituosos y puros. Desde finales del siglo XIX, con la consolidación de la hotelería de lujo, el Sommelier era un profesional típico de este entorno. En la actualidad está presente en un sinnúmero de actividades, relacionadas de manera directa o indirecta con el negocio de la restauración, dentro de las cuales desarrolla sus clásicas actividades junto a nuevas competencias profesionales. Hoy se caracteriza por ser un profesional altamente competente, capaz de ser consciente de las últimas tendencias del mercado y del gusto, sin por ello dejar a un lado su autonomía, refinamiento y sello individual, que transmite mediante sus prestaciones contagiadas de experiencias placenteras.
El servicio del vino constituye un legado de la antigüedad, pero hoy le sumamos a su cartera de actitudes los servicios de sobremesa, asesoramientos, degustaciones e incluso presentaciones y estrategias a corto y mediano plazo en función de las ventas. Su más importante misión es la de procurar un encuentro entre culturas profundas, motivando el interés de sus clientes, puestas a flote a través de los bienes que él gestiona y garantiza. Es por ello que su conocimiento exige una amplia preparación teórica y constante actualización. Los progresos y los cambios son continuos en los sectores de la hotelería y la restauración propiamente dicha; cambian los gustos y cambian los consumos, por tanto se hace necesario que el Sommelier esté pendiente de estas variaciones y en la tipología de la restauración, además de las modalidades de uso del tiempo libre. Sus principales herramientas: el conocimiento y juicio objetivo en su gestión.
Diez razones que justifican la prestación de un Sommelier…