domingo, 21 de enero de 2018

El milagro de la transubstanciación, esa experiencia gastronómica

Una buena estrategia de mejora empresarial a la hora de obtener resultados en tu empresa es analizar quién de tu competencia es el crac, el number one, cuál es la clave de su éxito y copiar. Eso sí, sin que se note, no sea que te acusen de falta de creatividad y tal...



Yo, en este sentido, siempre lo he tenido claro y en cuanto a gastronomía se refiere mi referencia es la religión. Y no solo la Iglesia católica: la copta, la ortodoxa o la anglicana también representan a diario el sacramento de la eucaristía, que no es otra cosa que la escenificación de una cena, la última de Jesús y los apóstoles.

Con 2000 años de experiencia en banquetes, bodas, bautizos y comuniones a nadie le cabe la menor duda de que son la referencia y que su método resulta infalible.

Lo primero que cuida la iglesia en su experiencia gastronómica es la preparación previa, ya sea a modo de peregrinación, confesión y otros rituales espirituales que, en cierta medida, se parecen a la expectativa que muchos restaurantes crean en sus comensales antes de llegar al «templo».

Lo segundo es el santuario: no se puede obviar la necesidad de que el propio local te acerque a un estado de espiritualidad. Todo redunda en lograr el efecto deseado, desde el lugar en que está situado al olor, la temperatura, el sonido y, por supuesto, la disposición de todos los elementos del rito.

Lo tercero es disponer de un oficiante, sacerdote o chef que, situado en el lugar exacto del templo y vestido para la ocasión, guíe el rito, secuenciándolo y haciendo que este disponga del ritmo adecuado para orientar espiritualmente a sus fieles.

Por último, llegamos al meollo de la cuestión, que no es otro que el milagro de la transubstanciación por el cual el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre en el mismo momento en que el sacerdote pronuncia las palabras de la consagración. Lo mismo sucede con el fiel comensal, que debe mostrar su disposición a vivir una experiencia gastronómica elevada. El ejemplo lo tienen en unas insulsas rebanadas de pan y un vino peleón convertidos nada más y nada menos que en el cuerpo y la sangre de Cristo.


Estoy convencido de que, más allá de las técnicas, más allá del producto y del sabor, más allá incluso de la buena cocina, lo realmente importante en la gastronomía es la capacidad de influir en el subconsciente del cliente.

Pepe Vieira es cocinero y su restaurante cuenta con una estrella Michelin desde el 2008

PEPE VIEIRA
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