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| Las patatas fritas perfectas deben de ser doradas y crujientes por fuera, pero blandas por dentro. |
La primera regla, y una de las más importantes, es rechazar los productos congelados, pues es difícil conseguir que tengan la textura y sabor característicos de este tubérculo.
Son pocos los que se resisten a sus encantos: un dorado exterior que cruje al dar el primer mordisco y un interior suave y sabroso. Las patatas fritas son una delicia al alcance de todos que combinan a la perfección con platos de lo más variado, ya sean unas croquetas 'gourmet' de carabineros y alioli, un sándwich a la hora de la cena, unas costillas de ternasco de Aragón o con unos huevos rotos.



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