¡Mis queridos amigos! ¿Cómo están?
Hoy les escribo de una realidad tangible y contundente que tiene que ver con los hábitos alimenticios de los adultos, niños y jóvenes. Hoy abordo el tema de la obesidad, del intento recurrente por hacer dieta y no lograrlo. Así que si a usted o a su hijo lo que le gusta es comer pura comida chatarra, refresco; detesta los vegetales, lo integral y pareciera no querer hacer nada al respecto; o se ha dado por vencido, este artículo es para usted. Hoy comparto con ustedes mi aval de glotona estudiada, ése que me permite decirles algo más de lo que siempre se dice y abordar el tema de forma poco convencional.
Resulta que como padres, psicólogos, médicos y nutricionistas nos preocupamos un montón por la salud física inmediata de nuestros seres queridos... Los Vemos con sobre peso y ¡queremos que cambien ya! Y con razón debido a que su salud, apariencia, estima, y hasta su vida puede llegar a estar en riesgo. Y en este punto, lastimosamente me toca decirles: ¡Del apuro, del desespero angustioso solo nos queda el cansancio y la frustración!
Les cuento... si bien llevo mi profesión entre mis huesos, siempre he sido humana, y así, a mis 16 años visité por primera vez a una psicóloga porque notaba que me gustaba mucho comer. Desde siempre me gustó comer, pero entonces me había retirado de la natación, deporte que practicaba profesionalmente, y comencé a engordar y a engordar, me sentía horrible, fea… Decidí hacer lo que hiciera falta. Asistiendo a mi psicoterapia descubrí mi fascinación por la psicología, por la influencia de las emociones en nuestra vida, la influencia de lo que no tenemos consciente pero que determina nuestra conducta. Entonces, poco a poco, fui haciendo de mi preocupación mi profesión y forma de ser.