jueves, 6 de abril de 2017

Al momento de probar un vino ¡Que no te den el queso!

En esta nota te cuento porqué es famosa esta frase y qué cosas deberíamos saber a la hora de elegir un vino.

En la época donde no existían las estanterías de los supermercados y mucho menos las vinotecas, el bebedor de vinos compraba directamente en bodega. Los que compraban para sus señores durante la Edad Media viajaban con su carreta y sus barriles para poder comprar y debían comprobar que fuesen de buena calidad antes de pagar.



Sucedía a menudo que el sirviente a cargo de los vinos llegaba con un vino de mala calidad. ¿Qué había pasado en el medio? ¿Qué sucedió desde que lo probó y le encantó hasta que llegó a lugar de destino? Realmente era un vino diferente.


Lo que había sucedido era simple, "le habían dado el queso", es decir, había sido víctima de un engaño. Ésta era una técnica utilizada para vender algún vino que había perdido atributos de calidad o que quizás nunca los tuvo.

El queso forma una película grasa en nuestra boca evitando que sintamos la rusticidad en boca de un vino, ya sea por exceso de taninos o por acidez desequilibrada. Ese simple secreto hacía que comprase con "un paladar" diferente al que tenía.


El vino no es más ni menos que un alimento y para ser elegido deberá ser sometido a nuestros sentidos.

La vista nos demuestra su sanidad a partir del brillo y su color (siempre considerando el varietal y método de elaboración), como regla general deben ser brillantes y por ende, reflejar la luz.

La nariz nos expresará su estilo, no importa si es frutado, herbáceo o terroso, siempre que sea de tu agrado. Los que debemos evitar son los que huelan a vinagre. Bajo simples lineamientos deberían ser mucho más frutados los vinos jóvenes que los vinos de guarda que se destacarán por aromas más complejos, entre ellos flores secas, vainilla o tabaco.


¿Sabías que hay más de 900 compuestos aromáticos en cada vino?

Es más, nadie te puede decir que oler o no en un vino, ya que cada uno interpreta los aromas de diferente manera de acuerdo a su capacidad y a su cultura olfativa. Si nunca has olido aguaymantos es imposible que encuentres su olor en el vino y lo identifiques como tal. Somos capaces de oler millones de moléculas aromáticas pero no así de recordarlas o reconocerlas. Por eso, usamos la frase "me recuerda a".

En la boca, sentiremos tanto los aromas retronasales, ya que la boca se conecta por detrás con la nariz (amo estos detalles de la ingeniería humana). Además sentiremos los sabores: Los dulces derivados del azúcar residual que le haya quedado al vino a la hora de finalizar la fermentación. Los ácidos de la uva y de la fermentación, en menor medida sentiremos salados y amargos provenientes de diferentes compuestos y procesos. Los sabores junto a las texturas en boca (logradas por los taninos y el alcohol) dan la sensación de placer que terminará de definir si es un buen vino o no.

En definitiva, para analizar un vino a la hora de realizar la compra o no, les recomiendo que no acepten el queso. Pero una vez elegido, nada mejor que una buena tabla de quesos para disfrutarlo solo o con amigos.



Lo importante no es comprar el vino más caro, sino el que puedan pagar y que con cada sorbo sientan que les entregaron más de lo que valía.

Los dejo hasta la próxima semana!

María Laura Ortiz

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