martes, 4 de julio de 2017

Las mejores heladerías de Madrid para combatir la ola de calor

Del establecimiento más antiguo de la capital al moderno puesto de un tres estrellas Michelin. Madrid sucumbe ante los helados. Aquí alguno de sus locales imprescindibles

Escribir sobre helados implica, inevitablemente, hablar de Italia y de Francesco Procopio dei Coltelli, el «padre» de este gélido alimento al que dio fama en tiempos de Luis XIV, el «rey Sol». La historia de Madrid, en lo que a sus heladerías se refiere, no escapa al tópico. Las primeras de la capital llegaron también de la mano de inmigrantes italianos, a mediados del siglo pasado.

Rocambolesc está inspirada en la fábrica de chocolate de Willy Wonka.


 Como hizo el famoso cocinero siciliano en París, familias como los Marchi de Bagni di Luca o los Ripella importaron este manjar a Madrid y, con él, una dulce tentación con la que «derretirse» de placer.

La heladería Los Alpes es la más antigua de Madrid- MAYA BALANYÀ

La primera fundó en 1950 Los Alpes (Arcipreste de Hita, 6), la heladería más antigua de la capital. «Ni polvos, ni esencias. El mejor producto fresco, tiempo y mucho cariño». Estos son los ingredientes imprescindibles para hacer el mejor helado. Quien da la pista, Guillermo Castellot padre, es la memoria viva de este negocio que ahora regenta su hijo. Enamorado de su profesión, ha visto evolucionar a este aliado gastronómico contra el calor desde hace 67 años. Su obrador produce miles de litros durante estos días. En su carta existen 48 sabores –lo que la convierte en una de las mejores surtidas de la capital–. En ellos no se escatima en la calidad. «El chocolate, por ejemplo, es Valrhona, el mismo que se utiliza para alta pastelería», explica. Sus helados de fruta –entre ellos destaca el de mango o el de melón– son de los más solicitados por su fiel clientela. Además de horchata, aún sigue vendiendo agua de cebada granizada, típica de los antiguos cafés de Madrid.

Una clienta muestra un cucurucho de la heladería Sienna
MAYA BALANYÀ

Karina Ripella lleva las riendas, junto con su marido Alberto Romero, de otro de los establecimientos más selectos de la capital: Sienna (Narváez, 62). Heredó de su padre la pasión por elaborar y vender uno de los mejores helados del barrio de Retiro. Sus vitrinas exhiben también 48 variedades distintas, con sabores únicos como el de yogur con amarenas –un tipo de cereza salvaje del sur de Italia–. Otra de sus creaciones más famosas es el sabayón –una receta italoargentina con yemas, azúcar y vino Marsala–. «Los gustos han cambiado mucho. Ahora trabajamos con productos menos grasos, con base de agua para cuidar la línea, pero sin renunciar a la esencia de un buen helado que es disfrutar comiéndolo», explica. «No es más feliz el que más tiene, sino el que más helados come», se puede leer tras su mostrador.

"Oso de Madroño" de Rocambolesc- ABC

La versión más vanguardista del gusto por el helado se puede encontrar en Rocambolesc (en el Gourmet Experience de la séptima planta del Corte Inglés de Serrano). Un viaje a una factoría de helados únicos –inspirado en la fábrica de chocolate de Willy Wonka–, con originales creaciones dulces avaladas por las tres estrellas Michelin del Celler de Can Roca y su «postrero» Jordi Roca. Junto a su esposa, la también repostera Alejandra Rivas, han convertido esta heladería en un rincón tentador con creaciones como su famoso «Làctic» –dulce de leche, guayaba y algodón de azúcar–, sus «Panet» –helado dentro de en un brioche caliente– o el polo «Oso de Madroño», un guiño a Madrid.

Helados de la Gelateria Romana- MAYA BALANYA

La pasión heladera de los madrileños, que han extendido su consumo más allá de la época estival, ha propiciado que casas como la Gelateria Romana abran varias sedes en la capital (a sus establecimientos del Paseo de la Habana, 27 y San Bernardo, 96 se suma una nueva tienda en la calle Rosario Pino, 6). Fundada en 1947 es uno de los establecimientos de moda en Madrid por su amplia variedad de sabores, con creaciones sofisticadas, basadas en recetas clásicas y de vanguardia. La materia prima llega desde Italia, como por ejemplo las avellanas «Piamonte». Producen cantidades mínimas para que su duración no supere las tres horas.

La personalización es otra de las claves de las nuevas heladerías. En Mistura permiten al cliente elegir su mezcla, que preparan sobre una lasca de granito a -20ºC para potenciar la cremosidad y textura del helado.

Fuente: ABC
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