El Gourmet Urbano: Cine y gastronomía por Antonio Gámez (@antoniogamezc): City of Angels

domingo, 3 de julio de 2011

Cine y gastronomía por Antonio Gámez (@antoniogamezc): City of Angels

 

antonio gamez 1En el film City of Angels, un ángel se enamora de una humana, y en medio de su pasión renuncia a su condición inmortal y sobrehumana, donde no es dueño de sentidos que lo hagan percibir el mundo. Renuncia por amor y se vuelve humano y comienza a percibir el mundo. Ese ángel, comienza a experimentar el mundo desde las sensaciones, entre ellas la de ir a la playa y sumergirse en el mar, como hombre solitario frente al vaivén incesante del mar, como niño. Como un “hombre con los ojos como el mar” Ese ángel-humano frente al mar no hace más que referirme a Hemingway y el mar, la cual es una dupla difícil de dejar de asociar.

 

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En lo personal descubrí a Hemingway por deberes escolares, el bachillerato pide a sus estudiantes leer la famosa obra El viejo y el mar. Yo, que nací en las montañas, me hice de una imagen del mar grandiosa y fantástica, imagen que surgió a través del relato de Ernest. Sufrí a partir de ese libro un ansia constante de visitar el mar, pero la lejanía de mi ciudad hacía que eso pasara sólo una vez al año. Mi padre, quien vivió en muchas partes del país y no es andino exactamente, porque aunque nació en San Cristóbal, vivió allí solo un par de meses; en cambio vivió en casi todas las regiones del país, obra y gracia del trabajo de mi abuelo que los obligaba a cambiar de residencia constantemente. Así pues, que siendo andinos teníamos una cultura culinaria influenciada por las diversas ciudades donde vivió mi papá. En mi casa se comía arepa, por supuesto, pero otras cosas como suero larense, picante trujillano, casabe y mucho pescado, en mi casa existió amor por los productos del mar. Una extraña dieta en Mérida, una ciudad que tuvo un alto índice de padecimiento de Bocio, enfermedad terrible que es consecuencia de la carencia de yodo, ya que queda muy lejos del mar y hay poca cultura de consumo de productos del mar.

Al viajar a la playa sólo comíamos productos marinos, no cree mi padre en eso de comerse un churrasco a la orilla del mar. Una vez, por ejemplo, compró una cantidad inaudita de langostas en la península de Paraguaná, y el amigo que nos alquilaba la casa las preparó de forma sencilla pero quedaron deliciosas. Comenzó con un caldo de langosta, ligero y muy aromático, imborrable ese aroma. Luego sirvieron un platón con langostas cocidas perfectamente acompañadas de una salsa cocktail. ¡Una comida inolvidable!

 

Otro recuerdo hermoso es de cuando íbamos a Morrocoy. Allí era común atiborrarnos de ostras, docena tras docena las engullíamos frente al mar, mi viejo y el mar, mi viejo, las ostras, el mar y yo. Desde ese entonces me quedó esa imagen hermosa del mar como mi padre amoroso, atento y complaciente en vacaciones, que contrastaba con el riguroso y ocupado de todo el año, y por supuesto, el sabor de las ostras, que saben a mar, un delicado regusto a mar, un juguito que es como comer delicados trozos de mar cristalizado dentro de la concha, perlas líquidas que en la boca se materializan como la esencia misma del mar. Sin intenciones poéticas, me inspiré para tratar de describir mi gusto por las ostras y el mar, pero no conseguí nada siquiera parecido a las palabras del viejo Ernesto, en su A Moveable Feast (París era una fiesta) donde describe magistralmente cómo es comer ostras. Imagen que usa el director Brad Silberling en su película City of Angels (Un ángel enamorado) para que el ángel entienda, ya que no tiene sentidos humanos el sentido del gusto y lo que es comer una ostra. Y aunque esta película no pertenece a lo que llamamos “cine gourmet”, esta imagen resulta impagable, y esta sola escena merece mención en nuestra degustación fílmica.

 

"Comiendo las ostras con su fuerte sabor a mar y su deje metálico que el vino blanco fresco limpiaba, dejando sólo el sabor a mar y la pulpa sabrosa, y bebiendo el frío líquido de cada concha y perdiéndolo en el neto sabor del vino, dejé atrás la sensación de vacío y empecé a ser feliz y a hacer planes..."

 

E. Hemingway. A Moveable Fest

 

Antonio Gámez

Cocinero Venezolano

Investigador del Proyecto Odisea Culinaria

 

Cinéfilo

 

TÍTULO ORIGINAL

City of Angels

AÑO

1998

 

DURACIÓN

114 min.

 
 
   

DIRECTOR

Brad Silberling

GUIÓN

Dana Stevens (Remake: Wim Wenders)

MÚSICA

Gabriel Yared

FOTOGRAFÍA

John Seale

REPARTO

Nicolas Cage, Meg Ryan, Dennis Franz, André Braugher, Colm Feore, Robin Bartlett

PRODUCTORA

Warner Bros. Pictures / Regency Enterprises presentan una producción Atlas Entertainment

GÉNERO

Romance. Drama. Fantástico | Drama romántico. Remake

SINOPSIS

Los ángeles de la guarda están entre nosotros cuando a veces sentimos una presencia invisible. Éste es el caso de una cardióloga llamada Maggie, en la que comienza a interesarse Seth, un ángel llegado a la tierra. Pero la inmortalidad de éste se convertirá en un obstáculo entre los dos. El único que puede verle es Messinger, un ángel que renunció a su condición inmortal para convertirse en humano. (FILMAFFINITY)

 

 

 

 

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