El Gourmet Urbano: #CAFE | Las (ex)baristas del bikini

martes, 16 de julio de 2019

#CAFE | Las (ex)baristas del bikini

Un tribunal de EE.UU. fija un código de vestuario que prohíbe a las camareras ir semidesnudas

Gary Cooper –“que estás en los cielos”, según el filme de Pilar Miró– dejó una frase con eco. “En las películas del Oeste podías besar al caballo pero nunca a tu novia”, confesó el mito que aún hace resonar Tambores lejanos.

La cita surge a consecuencia de un pleito en los tribunales del estado de Washington, uno de los territorios de aquel lejano Oeste.

El cantante Michael Starr, fotografiado mientras una bikini barista le ofrece un café helado en Everett (Mat Hayward / Getty)


Plantea un dilema entre la reclamación de libertad de expresión frente a la doble moral, o una denuncia contra la cosificación de la mujer en época depredadores sexuales en manada.
‘Bikini baristas’
Siete empleadas reclaman poder lanzar el mensaje de su empoderamiento

Las denominadas bikini baristas, término que describe a las camareras de cafeterías en las que atienden a los clientes en atavío más propio de la playa, se verán obligadas a vestirse.

El gobierno municipal de Everett, a unos 50 kilómetros de ­Seattle, ha luchado desde hace tiempo contra ese servicio tan al descubierto. La ciudad aprobó dos ordenanzas en el 2017. En una creó un código de vestimenta que requería a las empleadas de esos establecimientos que llevaran, al menos, un top o camiseta sin mangas y unos shorts. La otra regulación supuso una redefinición de “la conducta lasciva”, en la que se incluyó la “exhibición pública de partes específicas del cuerpo”.


Los responsables locales recalcaron que, a partir de investigaciones policiales, habían comprobado que estas mujeres caían en la prostitución y sufrían las consecuencias de la violencia sexual.

El propietario de Hillbilly Hotties, una de las cadenas de estos bares –de atención al público en general–, y siete de las empleadas recurrieron esas normas.

Argumentaron que con sus bikinis lanzaban el mensaje del empoderamiento femenino y su confianza en sí mismas al ejercer su trabajo casi desnudas.
Atuendo de justicia

El fallo de apelación revoca uno anterior y certifica que se regule la medida de la ropa


Si se mira por el retrovisor, un tribunal de Lleida dictó en 1989 la “sentencia de la minifalda”, en la que se aseguró que una joven ­pudo provocar con su vestuario, acaso de manera inocente, los abusos deshonestos de su jefe. Ese fallo propició una oleada de protestas porque revertía la culpa en la víctima. El Supremo, sin ­embargo, ratificó esa decisión.


De vuelta a Estados Unidos, la juez de distrito Marsha Pechman se pronunció en el 2017 a favor de la cadena de bares. En su resolución remarcó que las ordenanzas eran muy vagas y arbitrarias, además de que atentaban contra la primera enmienda (libertad de expresión) y la catorce (todos los ciudadanos tienen los mismo derechos). Las regulaciones fueron suspendidas a la espera de que se completara el recorrido judicial.

El tribunal de apelación, con base en San Francisco, le ha llevado la contraria y sostiene el encaje constitucional de la normas municipales de Everett.

Que algunos describan como “atuendo picante” el ropaje habitual de estas camareras parece que no hace más que ratificar la decisión de esa corte. Al corregir a la juez Pechman, este tribunal subrayó que el código de vestuario y la regulación de la conducta lasciva estaban suficientemente claros, mientras que cualquier mensaje de empoderamiento que las mujeres intentaban enviar se perdería entre sus clientes. Tampoco observaron mérito alguno en su reclamo de los dos preceptos de la Constitución.

Morgan Christen, magistrada nombrado por el presidente Barack Obama, ejerció de ponente de la sentencia, ratificada por los otros dos jueces del tribunal.

El fallo indica que “un oficial” debe determinar si el torso (pecho, estómago y la espalda por debajo de los omóplatos) y la parte baja del cuerpo (nalgas, zona alta de las piernas, área púbica y genitales) están cubiertos.

“Una persona de inteligencia común lee la ordenanza –indica– y está perfectamente informada de qué partes no pueden ser exhibidas”. Un vestuario de justicia.

FRANCESC PEIRÓN

Fuente: La Vanguardia

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