El mercado mundial del vino enlatado está al alza. Razones no faltan: es más fácil de transportar, más rápido de enfriar y, ahora en verano, se puede llevar a la playa.
La lata de vino aún es una rareza en España mientras se está disparando su consumo en países como Estados Unidos, Sudáfrica o Australia, de menor tradición vitivinícola y, por lo tanto, donde el rechazo cultural a este formato es pequeño. Pero esta opción empieza a expandirse por países como Chile, Argentina, Portugal, Inglaterra, Alemania, Italia o Francia. Todo indica que terminará siendo una elección exitosa también en nuestro país. Razones no faltan, fundamentalmente la comodidad —y más en verano, ya que a las playas no se puede acceder con botellas de cristal—.