El Gourmet Urbano: Nadyra Muhammad (@nadyramm): ¡Comer y jugar!

lunes, 13 de junio de 2011

Nadyra Muhammad (@nadyramm): ¡Comer y jugar!

 

Nadyra y Natalia 2Unos correctos hábitos de alimentación incluyen no sólo comer de manera saludable, sino también hacerlo de acuerdo a las normas de educación apropiadas.
 
Todos queremos que nuestros hijos se sienten derechos en la mesa, que se mantengan sentaditos hasta terminar, que coman con la boca cerrada y no hablen con la boca llena, que no monten los codos en la mesa y que usen los cubiertos y la servilleta apropiadamente, y por supuesto que coman ¡rapidito y contentos! Éste es el sueño dorado de todos nosotros.
 
Sin embargo, algunas veces los padres, en nuestro afán de educarlos “muy bien”, dejamos de tomar en cuenta las verdaderas capacidades que están al alcance de nuestros pequeñitos por simple desarrollo evolutivo y pretendemos que se queden sentaditos, casi sin hablar (porque les mantenemos la boca llena) y sin tocar nada (“no agarres el cuchillo que eso corta”, “suelta el vaso que vas a botar el jugo”, “no juegues con los cubiertos”….). Esto es como mucho cuando hablamos de niños pequeños, y ni hablar si se trata, además, de las fierecillas que no les gusta comer.
 
nadyra muhammad menu natalia dedos de pollo
 
Los niños, por características propias, necesitan estar siempre en actividad, entonces no podemos pretender que se queden inactivos durante los 20 ó 30 minutos que dura la comida. Esto es como un castigo y si además tienen que comer, ¡uy, el castigo es doble!
Personalmente creo que todas estas pautas de etiqueta se pueden ir ejercitando y aprendiendo poco a poco, no pueden convertirse en una exigencia más a la hora de la comida, sobre todo si ya estamos siendo exigentes con la calidad de la alimentación y la disposición para comer.
 
Sé que muchos pensarán que estoy equivocada y que es primordial inculcar correctos hábitos de alimentación en la mesa desde pequeños; de hecho, yo también lo creía así hace algún tiempo, hasta que llegó Natalia y me enseñó que no se puede con todo a la vez.
 
Si tu hijo es de los que comen chévere, ¡pues adelante!, el próximo paso es que lo haga de la manera correcta; sin embargo, si es de los que da guerra para comer, pues yo considero que es prioritario lograr que coma tranquilo y feliz para luego enseñarle las normas en la mesa.
 
Así pues, aunque sé que muchas personas opinen lo contrario, para mí está bien comer jugando, ¡sí, comer jugando!
 
Claro que no se trata de jugar a la ere ni al escondite, pero si es válido leer algún cuento, tal vez pintar, hacer adivinanzas o jugar con algún muñequito de su preferencia, algo que les permita llenar con alguna actividad ese tiempo muerto y aburridísimo que representa para ellos la comida. Seguramente se distraerá un poco comiendo y será necesario recordarle que tome otro bocado, pero, ¿qué importa eso si el almuerzo es sin lágrimas?
 
Si comen y juegan es mucho más fácil que se mantengan sentados hasta terminar, y probablemente tengan mejor disposición a esperar para hablar cuando ya no tengan comida en la boca, por ejemplo. Es muy probable que, sin proponértelo, vayas logrando que las normas en la mesa aparezcan solitas… bueno, casi solitas.
 
Cuando digo que es válido comer jugando, me refiero a niños pequeños, tal vez menores de cuatro años, cuando es más difícil lograr que se mantengan sentados por un buen rato y cuando es primordial lograr que aprendan a comer de manera balanceada y variada. Creo que no se vería muy bien un niño de ocho años pintando mientras come, ¡nada bien!
 
Yo espero que cuando Natalia tenga ocho años ya no necesite jugar para comer, ¡eso espero! Pero como ahora tiene tres años y medio podemos darnos el lujo de invitar a Lulú a almorzar en casa. Lulú es una de sus muñecas, hermana de Lola, que según Natalia no pudo venir porque está en el colegio.
 
Y con una invitada tan especial a comer sacamos la mejor vajilla para la ocasión: los platicos de las muñecas; y como hay que ser cortés con los invitados, le preguntamos a Lulú cuál era su comida favorita, ¡y qué casualidad que era lo mismo que almorzaríamos ese día en casa!
 
Fue muy divertido, y esperanzador, ver como Natalia mientras comía le explicaba a Lulú que debía probar un poquito de todo para que se pusiera grande, ¡grandísima! Al menos sé que se sabe la teoría...
 
Aquí les dejo el menú favorito de Lulú servido en los platicos de las muñecas:
  • Sopita de espinacas.
  • Deditos de pollo horneados con salsa rosada.
  • Maripositas de papas horneadas.
  • Croquetas de vegetales cortadas en forma de corazón (esta vez usé maíz, zanahoria y calabacín)
  • Platanitos dulces cortados en florecitas.
  • Jugo de patilla.
 
Feliz semana para todos, y recuerden que con un poco de flexibilidad tal vez consigan más.
 
Nadyra Muhammad
Psicopedagoga y la mamá de Natalia.

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