El Gourmet Urbano: Fiat Panis por Humberto Silva (@humbertosilvad)

domingo, 7 de agosto de 2011

Fiat Panis por Humberto Silva (@humbertosilvad)

Las Panaderas del Taj Mahal


Que importa que no mires la sal, si la comida esta sabrosa,
Aunque sepas que la sal es importante.
Extracto de la película Touch of spice


Todos en aquellas vasta región de Agra, al norte de la India, quedaron asombrados por tal manifestación de amor, jamás hubieran pensado que podría edificarse a las orillas del río Yamuna con la precisión de la arquitectura mongola, islámica, persa e india, un conjunto de edificios en honor a la esposa favorita del emperador, quien moriría dando a luz a su 14ª hija y decretando luto nacional en su honor por dos largos años. El Emperador mogol Shah Jahan habría de ordenar la construcción de tan compleja edificación a sus súbditos entre los años 1631 y 1654, donde más de 20.000 obreros indios y persas trabajarían arduamente por veinte años sin cesar, como ofrenda póstuma a quien fuera su gran amor, la princesa persa, Arjumand Banu Begum, conocida como Mumtaz Mahal, y le dedicaría uno de los mausoleos más hermosos de los que la humanidad hubiera podido apreciar. Sería su deseo.

La naturaleza romántica del edificio, con sus estilizadas Chattri o columnas, la cúpula acebollada o llamada también “Amrud” de fino mármol blanco con incrustaciones de joyas preciosas, al igual que el minarete donde el “Almuecín” llamaría a los fieles islámicos a la oración, serían algunos de los requerimientos del emperador para la construcción del Taj Mahal, cuya simetría asombraría por la utilización de los amplios jardines divididos en cuadros y formando una cruz por los canales de un espejo de agua, para producir un efecto adicional de perfecta simetría. Según las órdenes del emperador, los jardínes deberían estar divididos por senderos de 16 canteros repletos de hermosas flores y rodeando un estanque central de mármol, el cual reflejaría de manera majestuosa todo el esplendor de lo que sería su mayor manifestación de amor.


Uno de los mayores retos era alimentar a los 20.000 obreros durante las duras jornadas de trabajo, las especias jugaban un papel importante. Canela, curry, pimientas, ají, comino, cúrcuma, jengibre, cilantro, al igual que el arroz, las verduras y la harina de trigo harían el complemento para la elaboración de los cientos o miles de panes planos típicos de la gastronomía hindú, que tendrían que elaborar diariamente. Chapai, phulka, puri, roti, paratha, naan, kulcha, bhatoora, serían algunos de los panes que acompañarían las comidas que vendrían a representar la vasta región de la India, debido a la mano de obra proveniente de todos los confines de un territorio con tantos sabores y aromas, como castas y tradiciones. La elaboración de los panes como el roti, chapati, paratha, etc., demandaba una gran cantidad de harina molida y agua, de la cual resultaba una masa que se dividía en porciones y se aplanaban con un rodillo, para luego ser cocidas sobre el “tava” o una plancha de hierro fundido; otros panes como el puri y el bhatura requerían que fueran fritos.




Los panes generalmente se usan como instrumento para comer; según la cultura india sólo debe usarse la mano derecha, ya que la izquierda es considerada la mano sucia, algo muy arraigado y practicado en este tipo de sociedades. El pan debe cortarse con la ayuda de los cuatros dedos de la mano derecha, exceptuando el índice, ya que éste también es considerado como sucio. Luego de cortado el pan, el mismo sirve para recoger la comida del plato; y sentados sobre el suelo o en elaboradas esterillas comenzaba el festín. Chutneys, currys, arroces e infinidad de creaciones indias, hacían que los obreros tuvieran la energía para continuar los deseos del emperador. Los olores eran tan embriagadores que traspasaban más allá de los límites del Taj Majal, olores que podían perdurar en el ambiente e incluso hasta más allá de la puesta del sol.

Los panes eran horneados en hornos denominados “tandoor” y alimentados con leña o carbón, por lo que la experiencia del panadero debía controlar la temperatura por medio de canales de aire para que le dieran el punto exacto a los productos. Estos hornos requerían mucha atención, ya que estaban prácticamente todo el día siendo utilizados en las labores panaderas, y una forma de saber si el horno estaba a punto era rociándolo con agua, la cual desaparecía inmediatamente. Incluso su vapor era útil, ya que no sólo se usaban para hornear, sino también para asar. Si se les tapaba se obtenía un calor seco que, unido a la humedad de los alimentos, ofrecía como resultado carnes y vegetales jugosos. Los tandoor eran enterrados en el suelo y su utilización formaba una rutina diaria, mientras se construían los cimientos de la colosal obra hasta su culminación. ¿Podríamos imaginárnoslos?, ¿cuántos panes pudieron elaborarse?, ¡incalculable, pienso yo! Luego que la masa estaba lista eran las mujeres las encargadas del horneo, sentadas y conversando de los quehaceres diarios les transcurría el tiempo; apilando los panes entre 30 y 40 y cubriéndolos con un lienzo se disponían para ser consumidos, tibios y pincelados con ghi o mantequilla semilíquida.

Definitivamente el emperador Shah Jahan logró demostrar a su gran amor que, luego de la muerte aún le podría seguir rindiéndole pleitesías, idolatrías y agradecimientos, pero también que, al transcurrir de los siglos, esa gran e irrepetible edificación ha perdurado a los ojos de la humanidad, como un recordatorio de que el amor es eterno aunque físicamente los amantes no se encuentren presentes. Los olores y sabores nos harían recordar la magia embriagadora de la gastronomía como un arma de seducción, capaz de alentar a miles de almas a edificar con el corazón.

Humberto Silva




Fuente de la imagen: Wikipedia 



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