El Gourmet Urbano: #VINOS | Biodinámica: mucho más que vinos regidos por la luna

jueves, 22 de agosto de 2019

#VINOS | Biodinámica: mucho más que vinos regidos por la luna

En la biodinámica la viña es considerada en su conjunto un organismo vivo y el viticultor el medio para preservar su salud

El término «biodinámico» proviene del griego bios (vida) y dynamis (energía), entonces cuando hablamos de vinos biodinámicos estamos hablando de un método de elaboración del vino que sigue un lineamiento energético en el sentido más místico que se les pueda ocurrir, en donde la búsqueda del constante equilibrio del universo presupone una intrínseca relación entre el hombre y la tierra.



Todas las prácticas biodinámicas proponen ciertos principios para, de alguna forma, asegurar la salud de la tierra y de las plantas y procurar una sana nutrición para los animales y los seres humanos.


Antes de hablar de los vinos biodinámicos, es importante entender qué sostiene la agricultura biodinámica. En primer lugar, afirma que todos somos parte del universo. En segundo lugar, sostiene que la energía fluye en los seres vivos (en absolutamente todos los involucrados en el entorno agrícola). Motivo por el cual, la finca (o viña) es también considerada un organismo vivo en el que cada integrante es imprescindible para completar el ciclo vital. Por último, este tipo de agricultura proclama una visión a largo plazo, cuidando e integrando a los distintos jugadores: animales, plantas y energías.

La vitivinicultura tradicional o industrializada experimentó en los últimos años una cantidad innumerable de avances en técnicas y productos que contribuyen con el resultado de una buena cosecha y, por ende, un buen vino. Algunos quizá se atreverían a hablar de una verdadera revolución de savoir faire y del negocio del vino. Pero a pesar de todo esto existe una tendencia cada vez más creciente en la agricultura que intenta retornar a prácticas más naturales. Es así que muchos eligen por una producción más ecológica y/o orgánica, libre de sustancias químicas e industriales y hay quienes van un poco más allá y, con un sentido casi místico, se inclinan hacia la biodinámica intentando conservar la armonía y el equilibrio entre los organismos de la naturaleza.

Aunque para algunos todo esto suene a new age, la biodinámica es precursora de la agricultura orgánica. Los orígenes de esta antropología del cultivo se remonta hacia principios del siglo XX y al aporte del filósofo austriaco Rudolf Steiner (1861-1925) creador de la antroposofía. Steiner definía a esta filosofía como "un camino de conocimiento que quisiera conducir lo espiritual en el ser humano a lo espiritual en el universo". Este pensamiento aplicado a la agricultura busca de alguna forma preservar la salud de la tierra a través de las fuerzas naturales que interactúan con ella, como las fases lunares o el movimiento de los planetas, para finalmente lograr un equilibrio natural. Para la biodinámica todos somos partes del universo y las energías influyen cada ser vivo que habita en él. Y hasta algunos todavía aseguran que la tierra tiene sumada polvo estelar y toda su energía.


Cada vez más, este tipo de cultivo se ha expandido en algunas plantaciones vitivinícolas de Europa, principalmente en aquellos lugares donde el suelo ya ha sido muy maltratado con productos industriales a lo largo de los años. A pesar de que la ciencia aún reniega y mira de reojo este tipo de prácticas tildándolas de esotéricas, la búsqueda continúa por perfeccionar los vinos y encuentra en la biodinámica la clave para elaborar el gusto perfecto.

Con la implementación de esta forma de producción cada viticultor debe encontrar su propio ritmo y elaborar sus vinos a través de la escucha totalmente activa hacia el suelo, el cielo y las fuerzas naturales. De esta manera juega un rol clave en la búsqueda del equilibrio natural participando de una relación casi espiritual con el universo para crear nuevos vinos.

Es por eso, que la agricultura biodinámica como considera que los astros influyen en el suelo y en el desarrollo de la planta, organizan sus labores siguiendo un calendario propio que especifica, por ejemplo, qué ritmo de la luna es el más apropiado para la siembra, el cultivo o la cosecha.

Este calendario está basado en el estudio astronómico del movimiento de la luna con relación a la tierra y sus ciclos siderales, donde se trabaja con los cinco ritmos más importantes: fase lunar, ascendente y descendente; apogeo y perigeo; nodos lunares y luna sidérica.

Es sabido por muchos que con los cambios del tamaño del disco de la luna, ocurren varios fenómenos en la naturaleza, y que mientras los laboratorios científicos todavía no existían, los pescadores y los agricultores establecían las fechas para la pesca, siembra y cosecha según las fases de la luna y las mujeres sabían, entre otros asuntos, cuál era el mejor día para hacer conservas o secar hierbas. Incluso son varias las especies del reino animal que viven también según el tiempo lunar.


Una de las banderas esenciales de la agricultura biológico-dinámica (como les gusta llamar a muchos) es la no utilización de agroquímicos sintéticos (desde fertilizantes, a insecticidas, pasando por fungicidas, herbicidas y hormonas). Al sostener que la materia es portadora de fuerzas o energías, estas son utilizadas en beneficio de la agricultura una vez liberadas de determinadas sustancias.

Entonces, todas sus prácticas agrícolas tienden a aumentar la fertilidad de la tierra, estimulando la vida del suelo y los procesos que intensifican la formación de humus. Particularmente con técnicas de cultivo que minimizan los efectos negativos sobre la fertilidad química, física y biológica de los suelos, con la utilización de los preparados biológico-dinámicos, la incorporación de materia orgánica (compost, abonos verdes, cercos vivos, rotaciones de cultivos, etc.), integrando a los cultivos el componente animal (generando sistemas mixtos agrícolas-ganaderos) y preservando espacios para la fauna y flora nativa incorporados a las áreas de producción. Al mismo tiempo a través de estas prácticas se transforma en una gran captadora de CO2 ambiental, contribuyendo constantemente a la disminución del efecto invernadero y el calentamiento global.

Así, la agricultura biodinámica tiene como objetivo revitalizar a la tierra, por consecuencia a los cultivos, los animales y el ser humano, produciendo alimentos de la más alta calidad. Y el vino considerado un alimento o "vívere", en el más amplio sentido de la palabra, será entonces una sustancia que da vida.

Mariana Gil Juncal
Licenciada en comunicación social, periodista y sumiller.
Fuente: Vinetur

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