
Las
frutas rojas o
del bosque son aquellas que conocemos como moras, arándanos, grosellas, frambuesas, entre otras. Éstas deberían ocupar en nuestra dieta un lugar más importante ya que, entre otras sustancias, contienen grandes cantidades de carotenoides, que son por excelencia una fuente de salud.
Los carotenoides son también los responsables de el color de estos frutos salvajes y de su alto poder antioxidante .
Estas frutas tienen un bajo valor calórico, pero son ricas en vitamina C que interviene en la formación de colágeno, huesos, dientes y glóbulos rojos. A la vez que favorece la absorción del hierro de los alimentos y brinda la resistencia que necesita nuestro organismo contra las infecciones.
Estos frutos -conocidos también como bayas silvestres- son buena fuente de fibra que, como se sabe, mejora el tránsito intestinal. Contienen taninos de acción astringente y protectora cardiovascular, además de potasio, hierro y calcio.
Los arándanos, por su parte, tienen virtudes antisépticas, resultando ideales para las infecciones.
Las grosellas tienen la propiedad de aumentar el apetito y estimular el sistema hormonal del organismo.