El Gourmet Urbano

viernes, 25 de enero de 2013

¿Boda? Calcula la cantidad de vino ideal para el gran evento

Según expertos, en cifras generales hay que contabilizar siete botellas de vino blanco y/o tinto por cada 20 personas, y cinco de espumoso. En cuanto a la elección de los vinos todo depende del gusto de los novios y de sus invitados

 

El inicio del año es la oportunidad para planear todos los grandes eventos de los meses venideros. Una boda es quizá un acontecimiento que se planea desde ahora y el elemento "vino" es algo que los novios siempre deben tener en cuenta.

 

En cuanto a la elección de los vinos todo depende del gusto de los novios y de sus invitados. Foto:  / Reforma

Foto: Reforma

 

El sommelier Francisco Rodríguez recomienda pensar en que se necesitará servir vino blanco, tinto y espumoso, este último para el brindis. Por el tamaño de las copas y su contenido, de cada botella de blanco o tinto se servirán seis copas; por cada espumoso se servirán ocho copas.

 

"Hay que tomar en cuenta que la gente puede elegir otras bebidas, pero si la intención es que haya vino en la celebración hay que pensar en dos copas de espumoso por persona, dos de vino (tinto o blanco) y una adicional por cada hora después de las primeras tres horas del inicio del evento", dijo el experto.

10 preguntas sobre vinos que nunca se te ocurrió hacer

¿Cuántas calorías hay en una copa? ¿Por qué brindamos? ¿Por qué el vino no vence? En esta nota, preguntas y respuestas sobre un puñado de curiosidades vínicas.

Si hay algo que tiene el vino es que promueve la conversación. Con una o dos copas encima la gente se suelta para hablar sobre infinidad de temas, desde sentimientos a fútbol, política y el propio vino (del que siempre se habla mucho). A continuación, diez tópicos sobre vinos que son perfectos temas de conversación.
 
preguntas

 
¿Por qué el vino engorda? Porque el alcohol es calórico. Y una copa de blanco seco se estima que aporta unas 70 calorías, mientras que en un tinto la cifra asciende a 100. Números más bien bajos. Tanto, que con estos guarismos conviene preguntarse más bien por lo que se come antes de averiguar sobre lo que se bebe. Claro que si hablamos de vinos dulces salta la banca.

El color de los envases y su efecto en el sabor

El color de tazas y vasos puede realzar ciertos atributos de los alimentos que contienen, como el chocolate, según un nuevo estudio

- Imagen: Óscar -

Un nuevo estudio de la Universidad Politécnica de Valencia y la Universidad de Oxford (Reino Unido) defiende que el chocolate se saborea más en función de la taza en que se sirve y de su color. En concreto, el chocolate sabe mejor en una taza de color naranja o crema. Aunque parezca extraño, las características externas que determinan el sabor final de un alimento son muchas y, entre ellas, destaca el tipo de vajilla o utensilios que se usan para consumirlos. Quizá esto sea más habitual en las bebidas, como en el caso del vino, cuyo sabor es más intenso si se sirve en copa de vidrio que si se utiliza un vaso de plástico. Este artículo detalla cuál es el potencial del color en los envases y la relación directa entre este factor y el sabor de los alimentos.
 
El citado estudio se suma a numerosas investigaciones en este campo, que demuestran que los sentidos tienen la capacidad de apreciar los alimentos de diferente manera según el recipiente donde se consumen. En este caso, el trabajo se ha focalizado en el chocolate y los expertos concluyen que este sabe mucho mejor si se toma en tazas naranjas o de color crema, frente a tazas de color blanco o de colores más estridentes. La investigadora de la Universidad Politécnica de Valencia Betina Piqueras-Fiszman, junto con Charles Spence, de la Universidad de Oxford, explican que el color de los recipientes, en este caso las tazas o los vasos, tienen la capacidad de realzar algunos de los atributos de los alimentos que contienen, como el sabor y el aroma del chocolate. En el estudio, 57 participantes debían escoger el mejor sabor de chocolate caliente servido en cuatro tipos de recipientes iguales, pero de diferente color: blanco, crema, rojo y naranja. El interior de todos ellos era siempre del mismo color, blanco.

 

El potencial del color en los envases y recipientes

jueves, 24 de enero de 2013

Mezcla tecnología y tradición para ser enólogo

Aprovechar el valor social del vino, aderezándolo con historia, tradición y tecnología es una oportunidad para emprender que brinda el sector vitivinícola.

Una bodega subterránea, a cinco metros de profundidad, cuya antigüedad se remonta al Bajo Imperio Romano (siglo II después de Cristo). Eso es lo que se encontraron Claudia Möller y su marido cuando compraron una casa en un pequeño pueblo salmantino a 10 kilómetros de la capital charra. Tras certificar la autenticidad de la bodega, este matrimonio se planteó la creación de un negocio que volviera a dar utilidad a la cava y la abriera al público. De esta manera nació Vinarius, una compañía especializada en la guarda, conservación y custodia de vinos, que además ofrece un espacio habilitado para la realización de reuniones y comidas.

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Su propuesta aúna las más antiguas tradiciones de conservación (el silencio, la humedad y la temperatura correcta) con las últimas tecnologías (por ejemplo, un sistema por vía satélite para asegurar el traslado de los caldos en las mejores condiciones). Pero su objetivo iba más allá: "Queríamos aprovechar un espacio con tanta historia para que bodegueros y consumidores entraran en contacto directo; y, sobre todo, que los clientes descubrieran qué hay detrás de una botella, qué hace diferente a una de otra. Los porqués de su elaboración, es decir, su historia. Al final eso es lo que te impacta y deja huella", destaca Möller.
 

Valor social

El desconocido oficio de un catador de agua

Puede que para los mortales comunes el agua sea inodora, incolora e insípida. Pero no para Faustino Muñoz, experto en cata de agua.
Daniel Castell Gutiérrez

Según Muñoz, el agua marca la diferencia a la hora de degustar una u otra comida. BBC Mundo habló con este hombre de 54 años, un entusiasta entendido de la comida y el vino que se toma muy en serio su trabajo... Al punto de que posee una colección de más de 500 tipos diferentes de agua en su propia casa.
 
El día que en casa de Faustino se comía legumbres -allá por los años 60-, la elección del agua para cocerlas no se dejaba al azar. Su madre, religiosamente, le pedía a su marido que fuera a una fuente específica del pueblo (en La Puebla de los Infantes, Sevilla, en España), a recoger un par de litros del agua más pura.
 
Faustino Muñoz frente a la tienda Colmado Quilez, en Barcelona.
Faustino Muñoz puede distinguir entre más de 100 tipos diferentes de agua.

Pero el secreto no estaba ni en su pureza, ni mucho menos en el capricho de la madre de Faustino. Eran los carbonatos, las sales del ácido carbónico a la que pertenece el bicarbonato.

El vino de la semana por Jesús Nieves montero @elproximojuego: Loma Larga Cabernet franc 2008

 

 

 

 

¿Por qué comprar vinos crianza?

Los vinos crianza son los más asentados y los más accesibles para los bolsillos de los consumidores y por tanto, los más comunes para el consumo del gran público, de ahí que su cuidado sea fundamental para que se mantenga los niveles de consumos de los vinos de crianza.

 

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Pero, ¿qué significa vinos crianza? En España, tinto que ha pasado un mínimo de seis meses de crianza en madera, y hasta dos años de crianza total entre barricas de roble y botella. La crianza mejora las cualidades del vino e incrementa su complejidad y singularidad. En un tinto con la categoría de Crianza es muy importante saber medir el protagonismo de la barrica para lograr una acertada conjunción de fruta y madera. Acompañarán perfectamente platos de caza de pluma, carnes de cerdo o ternera y guisos de cordero con verduras.

 

En definitiva, es muy importante que España mantenga su cultura del vino y cuide una categoría de vinos, los crianza, que son los más comunes para su consumo.

 

Fuente: asturi.as

 

Bitacoras. com: , ,

 

Blogalaxia: , ,

Consejos de cata: cómo potenciar la experiencia sensorial que ofrece un vino por apenas $10

¿Te regalaron un vino costoso? ¿Te quisiste dar un gusto y compraste una etiqueta de altísima gama? Antes de descorchar, desde Vinos & Bodegas ofrecemos un pequeño consejo para aprovechar la experiencia al máximo con un mínimo gasto extra

 

Se sabe que el grueso de las ventas de vino en el mercado interno no corresponde, justamente, a las etiquetas de más alta gama.

Por el contrario, los ejemplares de los segmentos más económicos, si bien en franco descenso, son los que traccionan a esta industria y mueven el amperímetro de los grandes números.

 

 

En este contexto, especialmente para los consumidores menos avezados y que recién ahora se sumergen en las aguas profundas del mundo del vino, las etiquetas de altísima gama no suelen ser una opción cotidiana.

 

En definitiva, la regla no escrita suele marcar que, conforme se va sofisticando el paladar, el consumidor se permite una mayor libertad para experimentar, comparar y, por supuesto, subirse al intrigante mundo de los vinos más costosos.

 

Así las cosas, muchos de los lanzamientos que se ven a lo largo del año, con etiquetas que cómodamente pueden superar los $200 o $300, no están pensados justamente para "hacer caja".

 

En líneas generales se trata de etiquetas pensadas para consolidar la imagen de marca de una bodega en el mercado y generar una suerte de "efecto derrame" sobre el resto del portfolio.

 

Un buen paralelismo se podría trazar con la industria automotriz: las compañías llamadas "generalistas", es decir, cuya oferta está principalmente sustentada en vehículos low cost o de gama media, suelen aprovechar los lanzamientos de sus modelos de más ostentosos para lograr ese Santo Grial que en marketing se denomina "aspiracional".

miércoles, 23 de enero de 2013

Zalacaín, 40 años de historia y gastronomía

El primer restaurante español que logró tres estrellas Michelin, cumple 40 años haciendo historia y gastronomía. Si sus paredes hablasen, contarían reuniones de gobierno, conversaciones de premios Nobel, de la realeza y de mandatarios del mundo. Pero la discreción es una de sus banderas.

La carta y la atención al cliente hacen de Zalacaín un lugar de visita obligada. "Los primeros gobiernos de la democracia celebraban reuniones y comidas aquí, se han sellado fusiones de bancos, los presidentes internacionales y los reyes y presidentes extranjeros eran invitados al restaurante, que formó así parte de la historia de España", rememora su director y maître, Carmelo Pérez.

El sumiller Custodio Zamarra (i), el chef Juan Antonio Medina (c) y el director Carmelo Pérez (d).
El sumiller Custodio Zamarra (i), el chef Juan Antonio Medina (c) y el director Carmelo Pérez (d). (EFE)
 
En una ocasión, añade, se sentaron a sus mesas cuatro premios Nobel que llegaron por separado, y otras veces han compartido mantel directivas de los equipos de fútbol más punteros de Europa y artistas de primera línea.
 
La pareja fundadora, Jesús Oyarbide y Consuelo Apalategui, regentaba un asador vasco-navarro en Madrid cuando Juan Mari Arzak y Paul Bocuse cambiaron el discurso de la gastronomía, y ellos decidieron sumarse abriendo un restaurante de alta cocina con el nombre de un personaje de su autor favorito, Pío Baroja.
 
"Zalacaín se sitúa entonces entre la tradición y la vanguardia, se convierte en un emblema de la alta cocina española. Oyarbide viaja mucho, se fija en Francia y de ahí trae muchas ideas", recuerda Pérez.
 
PUNTO DE REFERENCIA Con Benjamín Urdiaín como jefe de cocina y platos como la merluza al vapor de albahaca o el sorbete de higos chumbos, Zalacaín pone en el mapa internacional la gastronomía española al conseguir las codiciadas tres estrellas Michelin en 1987.
 
"El restaurante fue un revulsivo muy bueno para la cocina española, por sus platos, su buen servicio, sin escatimar en nada; se convirtió en un punto de referencia", sostiene Pérez. Fueron años dorados, compartidos con restaurantes como Horcher y el ya desaparecido Jockey.
 
Su actual jefe de cocina, Juan Antonio Medina, explica la clave del éxito: "Fue precursor de una nueva cocina, uno de los grandes innovadores de la alta gastronomía, con una infraestructura muy adelantada a su tiempo en la que la cocina es casi tan grande como la sala y todo se ubica en la misma planta. Oyarbide tuvo una visión muy innovadora". Pero en cuatro décadas también ha habido "bajones", como la pérdida de una estrella Michelin por un cambio en la propiedad y de otra porque su cocina no siguió el ritmo marcado entonces por Ferran Adrià, apunta el chef. Nadie ha podido igualarles, a juicio de la guía francesa: Madrid sigue careciendo de la máxima distinción gastronómica veinticinco años después.
 
TERCER SOL Ahora Zalacaín conserva una y en 2012 recuperó el tercer sol que otorga la guía Repsol, "un orgullo" y prueba de que lo están "haciendo bien", dice Medina.
 
Mantiene la vajilla de diseño exclusivo, la cubertería de plata, el trato exquisito y platos que no pueden retirar de la carta porque buena parte de su fiel clientela los reclama. La lubina a los dos vinos, las manitas de cerdo rellenas, el steak tartare o el búcaro Don Pío permanecen inmutables.
 
Medina, que también cumple los 40 este año, refiere que sus intentos de modernizar la carta no prosperaron: "Hacemos un estilo de cocina propio que aprecia la clientela. Eso sí, introducimos dos o tres platos nuevos cada temporada, como la tierra de morcilla, que tiene mucha aceptación".
 
Con el producto de calidad como protagonista, la carta -que se cambia cuatro veces al año-se compone de unos 30 platos, a los que se añaden sugerencias de temporada, como las de caza en otoño o las de bacalao en cuaresma.

Fuente: noticiasdenavarra.com