En su lucha por la pureza racial, el Tercer Reich apostó por demonizar el tabaco, el alcohol y la cafeína mientras potenciaban el invento del cafetero alemán Ludwig Roselius
En su obsesión por destruirlo todo los nazis acabaron renunciando hasta a los principios del café. Si su acróstico indica que debe ser caliente, amargo, fuerte y escaso, los líderes del Tercer Reich apostaron por el café descafeinado como un producto nacional cuyo consumo iba más allá de una preocupación por la salud para preservar la pureza de la raza aria.

Adolf Hitler toma un café en un restaurante de Baviera en 1936. GETTY
Tras los horrores de la Gran Guerra de 1914, se pusieron de moda determinados valores naturistas en la República de Weimar, que incluían la ingesta de comida orgánica, la renuncia a alimentos con estimulantes como el azúcar, beber menos alcohol, medirse con el tabaco e incluso abrazar el vegetarianismo. La cafeína como estimulante estaba mal vista por esas élites académicas que propugnaban la llegada de hombres y mujeres nuevos. El nacionalsocialismo, que nacía y crecía en aquella época, se impregnó de aquellos valores, según revela la publicación Atlas Obscura, dedicada a la restauración.
Tomando café | iStock
La tienda Vorne tiene un 'corner' reservado para el café de especialidad.Oliver Duch


Rica y sencilla de preparar. Foto: Youtube/Sazón y Corazón